Puño y espada. Capítulos 1 a 7. - Ragnarok Online: Screenshots / Fandom

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Autor Tema: Puño y espada. Capítulos 1 a 7.  (Leído 13145 veces)
Fenryr
Ifrit
*


You gotta spend some time with me.

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« Respuesta #30 : 06 de Marzo de 2009, 15:10 »

esta muy bueno solo una duda

 :ah: que clace es cada personaje que presentaste, porque la vdd batalle mucho en identificarlos

y lo de cara de what ps creo que algunos no lo entenderian asi que solo eso

Los personajes los voy a ir identificando poco a poco (: Igual, un resumen:

Lenneth -> Paladina
Vendimia -> HP mujer
Angellore -> WS mujer
Blood -> Champion loca y borracha
Ark-> Professor pervertido
Masaho -> LK loco
Greyhne -> HP Mujer
Eltosian -> LK
Sonata Arctica -> Cross
Valsione-> Biochemist

Sólo faltan Sajour e Hypnotize. Que si hacemos cuentas, sólo queda dos job: Paladin y Clown.

Y lo de What tienes razón :B a mi me pareció gracioso, rofl, pero lo evitaré a futuro.

Btw, muchas gracias por leer (: eres la única que me quiere u_u!
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karlita bass
Raydric
*




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« Respuesta #31 : 06 de Marzo de 2009, 21:59 »

ok ya esta resuelto, al ver es la party de mvp, falta el sniper

 :computer:esque como escritores de fic nos devemos de apoyar :computer:

y como no esta alquir por estos rumbos pues ya ta

gracias por la respuesta
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_Alquir_
Moderador Global
*




I write sins, (maybe) not tragedies...

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« Respuesta #32 : 09 de Marzo de 2009, 03:55 »

ok ya esta resuelto, al ver es la party de mvp, falta el sniper

 :computer:esque como escritores de fic nos devemos de apoyar :computer:

y como no esta alquir por estos rumbos pues ya ta

gracias por la respuesta

que hablan anticipado [email protected] sobre mis andares  --'   ...!!
(click para mostrar/esconder)

on-topic:

no varia mucho mi opinion desde la dada como beta reader, salvo que al menos ya esta un poco mas claro el pasado de los caballeros. nuevas divas/lolis y personajes aparecen y se da a conocer el infierno pasado por el pasado de Seyren sumado a sus compañeros/conejillos de indias que comparten la tortura. la comedia practicamente no falta en este capitulo.

ahora con lo del warp portal a esperar que se les vendra despues. a ver si Seyren finalmente se encontrara con la party que se ha armado en este capitulo.

resalto el detalle del "cameo" de Aslak Fauster (es que acaso Aslak participara tambien en el desarrollo de tu proyecto??? o.o').


espero dar un mejor comentario pronto, pero eso sera cuando me desocupe tambien.


saludos...
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- hay gente que nace con suerte... otros tienen solo la suerte de nacer...
- ser joven no es excusa para no darse cuenta de la realidad alrededor de uno.
- Cosas random del canal.
Erlos Alcarin
Dullahan
*


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« Respuesta #33 : 23 de Abril de 2009, 22:24 »

bueno como mi primer post de vuelta al foro
por motivos fuera de nuestro control
(maldito cole y maltidos trabajos y malditos examenes y todavia no termino) :correllorando:

pienso que es una narracion comica, por lo poco que lei (estoy en un cafe y el bus me esta dejando XD) me parece que tiene mucho futuro.

leyendo como respuesta de por medio note que se critico lo del uso de narracion tipo teatro... a mi parecer es una buena tecnica y yo tambien la uso porque me gusta y es más facil que el lector entienda que personaje esta hablando
(algunos textos hay que leerlos tres o cuatro veces para ver si se entiende)

y tambien me gusto que usaran mi post de las leyes de rpg :avergonzado:

cuando llegue a mi casa te termino de opinar
y tambien espero publicar el primer cap de mi fanfic

PD: para el que se pregunte:  :correllorando: el bus me dejo  :correllorando:

 
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Fenryr
Ifrit
*


You gotta spend some time with me.

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« Respuesta #34 : 18 de Mayo de 2009, 16:31 »

Muchas gracias por los comentarios. Quiero saber en que mejorar.

Cuarta entrega.

Alquir, te sigo queriendo pero soy un cerdo egoísta que sigue su propio fic. Te debo un review del tuyo... Además, velo de este modo: si te lo debo, tengo excusa para seguir buscándote.


*
Capítulo I
Capítulo II
Capítulo III
Capítulo IV

No lo entiende. Sencillamente no lo entiende. ¿Cómo es posible?

¿Cómo terminó todo así? Él casi postrado, con la rodilla derecha hacia arriba y la izquierda recargada en el suelo. Se encuentra apoyado en su espada negra con ambas manos. ¡Ambas manos, por Dios! Siempre usa una con ese tipo de espadas. Incluso la Atroce Blade ha logrado dominarla con sólo cinco dedos. A base de entrenamiento y costumbre, se ha hecho de los mejores espadachines del reino. ¿Entonces cómo demonios, su amigo, que ahora es un espíritu vengador, es mejor que él? ¡Es un vil espíritu! ¡Ellos no entrenan ni mejoran! ¿Acaso tanto es el odio hacia lo vivo? Dios, que asco. El ser humano era de una manera y el espíritu es de otra. No le cuadra, simplemente no le cuadra.

Su vida por perdida ya la dio.

Respira pesadamente y sangra a chorros. Son aspiraciones atropelladas y exhalaciones apresuradas. A decir verdad, podría estar mucho peor. Podría faltarle un brazo o una pierna… Pero no es así. Es como si el espíritu, a lo largo de años de masacrar inocentes y culpables, ha aprendido a disfrutar el dolor ajeno. Suena demasiado irreal pero es lo único lógico que se le ocurre. ¿Por qué ha pasado esto?

A su alrededor, la mitad del equipo completo está en el suelo. Todos han sucumbido ante el poder, aparte de que están exhaustos de haber peleado contra otro fantasma. Esfuerzos sobrehumanos. Repito, ¿no son dioses? Cualquier otra persona se habría roto en cuerpo y alma, pero ellos siguen con lo mismo: tercos e imparables. Aunque el universo esté en su contra, siguen blandiendo sus armas y sus gritos no cesan. No ven diferencia entre rendirse o morir.

Lenneth, Vendimia, Angellore, Blood, Ark y Masaho mismo. Del otro lado del terrible laboratorio, se encuentran Grahnye, Eltosian, Sonata Arctica, Sajour, Hypnotize, Valsione y un sobreviviente, Aslak Fauster.

Sin notarlo, una lágrima se le escapa de su ojo izquierdo; sólo siente que un líquido se desliza por su mejilla. Retira su mano del pomo de la espada y pasa los dedos para limpiarse lo que cree sangre. Pero, aún en sus sucios dedos, protegidos por metal y cuero, nota que eso no es el preciado líquido rojo. Maldice y vuelve a apretar los ojos. Seyren ni se inmuta porque aquél caballero contra el que está peleando nunca baja la guardia. Aunque junte sus párpados, él sabe que Masaho está alerta siempre. Con su fino oído escucha y vigila todo: más de una vez trató de tomarlo por sorpresa pero es imposible.

Pero lo que el espíritu no sabe es que Masaho se está rompiendo. Se ríe amargamente el pobre desdichado y sus ojos se siguen humedeciendo. Está expuesto a un ataque. Se está fracturando por dentro como un grueso vidrio atravesado por un puñetazo. Está el agujero y las fisuras se siguen expandiendo, poquito a poquito, hasta que el vidrio se haga pedazos. La voz se le va, los músculos no responden y su corazón late con violencia, con odio. Aguantó bastante tiempo contra el que podía llamar hermano.

-Eh, mocoso, de pie.- brama Blood. Ella no está en un mejor estado: su puño izquierdo está ensangrentado y cree tener algunos dedos fracturados. Tiene múltiples cortes en todo el cuerpo, al igual que Masaho, pero a la campeona le fue peor al no tener una armadura. Su rodilla derecha tampoco anda en perfectas condiciones, haciendo difícil que salte o vuele, incluso que camine. ¡Ella también se está rompiendo! Pelear contra el hombre que amaste y no por gusto ha de ser feo. Sólo una chispita está dentro de su interior, y esa chispita está aguantando el cuerpo y el corazón. Una fortaleza casi inquebrantable.

Lo gracioso es que los dos tienen lágrimas en los ojos. Masaho desea poder llorar y Blood se niega a hacerlo.

Ella de pie, ya a su lado. Él de rodillas, casi en el suelo. ¡No entiendo! ¿Por qué querer detener lo inevitable? ¿Qué caso tiene resistirse a la muerte?

Sus cuerpos son demasiado frágiles si los comparas con el mejor de los castillos. Estas construcciones aguantan cientos de ataques y siguen de pie. En cambio, Blood y Masaho no soportan tanto. ¿Entonces por qué insisten?

El laboratorio es oscuro y tiene algunas fuentes de luz en el alto techo. Tiene muchas escaleras y desniveles, rampas y pequeños precipicios. Es un lugar bastante lúgubre, si me lo preguntas. Aunque sean instalaciones muy modernas y bien elaboradas, el lugar no es agradable. Los grises pasillos parecen infinitos y llevan a caminos sin salida. El aire es pesado, está repleto de muerte y odio. Dos zonas están inundadas: hacia el norte del lugar y al sureste. En el resto del nido de experimentos se encuentran plataformas y rejillas derribadas, aparte de tubos de cañería cortados y que no muestran su destino. Parece más depósito y tiradero que un laboratorio de experimentos humanos.

En estos momentos, un buen tequila le caería de maravilla a Blood. Incluso sake… ya de perdida ron, por Dios. Ella desea que llueva tan siquiera ron. ¡Piña colada, al menos! La pobre reza por dentro queriendo que pase eso. Pero sabe muy bien que no va a pasar. Nunca. A lo mucho lloverán ranas, no alcohol. Aunque pensándolo bien… si toma alcohol, le hará daño a las heridas.

¡Bah, que importa! Quiero alcohol.

-Mocoso.- dice Blood.

-Dime.- responde Masaho.

-Si salimos de esta, me vas a pagar una ronda de cervezas.- amenaza ella.

-Si salimos de esta, vamos a tener un duelo tú y yo.- amenaza él.

-¡De acuerdo!- exclaman al mismo tiempo.

Ahora ambos ya están de pie. Masaho se tuvo que levantar despacio con mucha voluntad. Fortaleza física la tiene, pero pelear contra Seyren se está volviendo una complicación. Blood ya estaba de pie. Ella tiene la voluntad pero no la fortaleza física.

Ni Lenneth, ni Angellore, ni Vendimia, ni Ark se pueden parar ahora. Están muertos… del cansancio. Fueron los primeros que tomaron daño. Entre ellos seis, apenas acabaron con Kathryne Keyron. ¡Fue de lo peor! La muy maldita era de elemento inmaterial. Así que Blood no era amenaza alguna pero aún así insistió en atacarla. Nunca dejó de repartir patadas y puñetazos.

Las flores florecen sabiendo que van a morir.

La batalla de Seyren, Masaho y Blood continúa. Han pasado más minutos y sigo sin entender como esos cuerpos siguen obedeciendo a sus locos corazones. Empapados de sudor, sangre y lágrimas. Realmente dan lástima al verlos tan maltrechos y sin parar de pelear. Seyren, por lo contrario, no muestra signos de agotamiento y mucho menos de dolor. Casi podría llamarse el guerrero perfecto… ¿No será para eso que experimentaron con ellos? Aunque los documentos dicen otra cosa, la verdad. Resultados inesperados, tal vez.

El aire está más tenso que antes y sigue apestando a muerte. Sólo Dios sabe cuantos han muerto ahí sin recibir un entierro digno y sin notificar a sus seres queridos. Lo peor es que ni los cuerpos quedan: son desmembrados y arrojados en partes por todo el laboratorio. Y ese, justamente, podría ser el destino de nuestro grupito. Es posible que terminen siendo nada más que basura y carroña. Es muy posible que mueran luchando hasta que dejen de sangrar.

Están hartos de tan dolorosa pesadilla. Blood hasta fantasea con darse un baño con uno… bueno, veinte tequilas. Dejar que el alcohol le devore la piel y le lave las cicatrices. Dejar de existir, le encantaría. ¡Pero no puede! ¡No ahora! Tiene mucho por hacer: patear el trasero del espíritu del hombre que amó, vencer a Masaho en un duelo y gozar con cientas de rondas de cerveza que el mismo patrocinará, y si acaso, tal vez, tener sobrinos de Valsione y nietos propios. Falta mucho, eso sí. Pero está dentro de sus planes.

El tiempo pasa. No son capaces de diferenciar entre un minuto y una hora. La realidad es una: son figuras hechas con palillos de dientes peleando contra un rascacielos. Van a ser aplastados, o al menos deberían. Eso indica la lógica. ¿Pero desde cuándo mis amigos son lógicos? Contra viento y contra marea, contra el bien y el mal. Contra ellos mismos. Nunca dejan de combatir estos locos.

¡Ah, dementes!

Se separan unos metros, dándose un respiro (aunque Seyren lo hace más por respeto que por cansancio).

-¿Por qué serás tan guapo?- se lamenta Blood. Seguro es una pena tener que acabar con la belleza, del tipo que sea.

Y dicho esto, tensa todos sus músculos una vez más. Hasta su rostro se torna serio y la sonrisa desaparece. Todas las heridas que tiene su perfecto cuerpo parecen no estar. La sangre ya está seca y sus puños listos. Poco le importa tener unos dedos y unas costillas fracturadas…

Lo gracioso, es que aunque no se digan palabras, Masaho y Blood saben muy bien que se van a turnar esta vez. Guerreros que no intercambian sonidos vocales pero sí miradas.

¡Blood carga contra su amor! De forma literal y figurativa. Es tiempo ya de arrancarse ese sentimiento de raíz que sólo logra sufrimiento físico y emocional.

-Más, si te acercas un poquito más, me meterás en ti.- canturrea de forma burlona la muchacha. Seyren alza su espada y se pone en guardia… Es raro: ha estado recordando sus disciplinas y costumbres al pelear contra ellos. Por unos últimos momentos, tiene honor, tiene gloria, tiene amor. Al verlos tan llenos de coraje y motivación, ha decidido poner de su parte: enfrentarlos como era antes. Seyren Windsor, caballero excepcional y leal.

Lo que sigue es un intercambio de patadas y puñetazos contra estocadas y sablazos. Los dos peleadores están sin nuevas heridas. Blood prefiere no usar un mazo porque la hace más lenta, además de que le quita toda la gracia. Seyren, en cambio, tiene una afiladísima Katana entre ambas manos. Por ahora no usa más armas… Recordemos que él empezó a usarlas todas y contagió el estilo. Masaho y Eltosian sólo lo imitaron, aunque cada uno desarrolló su propio estilo.

Los choques entre los huesos y carne de los nudillos contra el metal fantasmagórico de la espada, resuenan en todo el pasillo. Si los quisieras encontrar, bastaría con seguir el sonido. Pero si fueses inteligente, huirías cuanto antes de ahí. ¡Es que es terrible! La decaída figura de la campeona que se niega a morir contra el vengativo espíritu que nada tiene por perder. La chica chorrea sangre al abrir las heridas recién cerradas y el fantasma emite aires extraños.

Entonces, Seyren, levanta la espada por encima de su cabeza con ambas manos. Masaho pensó que sería un ataque frontal, de los básicos. Pero el espíritu gira el arma entre sus dedos, ahora con la punta de la espada hacia Blood. ¿Qué es eso? Ninguno de los dos sabe. Y es una técnica que más adelante los caballeros van a utilizar.

Spiral Pierce!!

¡Con una espada!

Blood queda atónita. No se mueve, no puede. Sus ojos fueron incapaces de seguir los movimientos de la espada. Sólo la vio desaparecer y volver a las manos del caballero.

-¡Cúrate!- ruge Masaho mientras se interpone entre los dos combatientes.

-¿De qué hablas?- cuestiona Blood sin entender un carajo. Luego, una helada brisa se siente muy hondo, hasta los huesos. Demasiado fuerte para ser una brisa cualquiera. Los ojos de la campeona apuntan a donde sintió eso… Y estos mismos se dilatan: tiene una perforación en el abdomen, hacia el lado derecho. Sólo queda pensar que la Katana entró y salió por ahí. Es una perforación ancha: diez centímetros de diámetro.

La chica cae de rodillas y sujetándose la herida. La sangre se desborda de entre sus dedos y las lágrimas se escapan de sus ojos. ¿Por qué soy tan débil? se cuestiona ella. El aire y la sangre se le están acabando, lo mismo con las ganas de pelear.

Batalla para respirar y para seguir pensando. Todo se nubla, todo se vuelve rojo. La vida la está abandonando… Escucha los coros celestiales y mira a los ángeles abriendo sus brazos para recibirla. Quiere escupirle a todos esos entes alados pero ni es posible para ella. La vida la está abandonando.

¿Ah? ¿Qué es esto? ¡Me he adelantado! Les ruego que me disculpen. Les diré como comenzó todo, ¿va? Todo fue… ¡No me odien! ¡Es culpa de ustedes por llegar tarde! Ya, ya, que seguro Blood se nos muere, ¿así que para qué tanto drama? ¡Como sea!

No, tienen razón. De eso ya sabrán después con el reporte que hará Eltosian. Mejor pasemos al otro equipo.

Oh, bueno, todavía no. Sigamos. Hay que darle al público lo que quiere.

Parece que a Blood le salen alas de fuego. ¿Por qué? Porque se levanta con todo y herida mortal. Vuela, campeona, vuela. Corre como alma que lleva al diablo y se apoya en ambas piernas, sólo para saltar y en el aire, interceptar a Seyren con una patada con la pierna lastimada en el rostro. Y mientras va cayendo, otra patada con la pierna sana ahora en el pecho. El espíritu parpadea, confundido. Esos últimos dos impactos… realmente dolieron. El pobre alcanza a ver como Blood no cae al suelo porque se apoya en sus manos… Ahí es cuando ella parece una bailarina exótica: las manos bien plantadas en el frío suelo y las puntas de los pies hacia arriba, demostrando perfecta coordinación y equilibrio. Los codos sin doblar y el cuerpo sin arquear. Los ojos en blanco.

-¿Qué demonios…?- susurra Masaho a lo lejos. Justo cuando iba a recoger a su compañera caída, ella cayó inconsciente. Y de inmediato se puso de pie.

La noche estaría encantada de verla tan salvaje. Su llama brilla más allá que la Tierra.

Parece que Blood baila break dance al dar tantas patadas con sus manos y antebrazos apoyados en el suelo. Son movimientos inhumanos.

Y normalmente le sería imposible bailar eso porque requiere de mucha fuerza abdominal… y tener una perforación de diez centímetros de diámetro en el vientre es feo. Además de que las tripas normalmente se saldrían por ahí. Pero no, el secreto será revelado después.

Pelea inconsciente la condenada, terca hasta la muerte. Herida de gravedad y con los ángeles tratando de jalarla de vuelta al paraíso. Pero no, ella no quiere desaprovechar su cuerpo frágil y mortal. Se ata a su propio estandarte: el orgullo.

La cabrona escapó del Edén y se pone de pie, manteniendo sus puños hacia abajo y los ojos aún en blanco con el cuerpo perfectamente derecho. Se ve imponente y temible. Emite un aura rojo, un aura peligrosa. Realmente se ve que tiene alas de fuego. Aunque reine la oscuridad, ella siempre volará. Parece que resurge de las cenizas como el ave Fénix. Casi me dan ganas de derramar lágrimas con tanta demostración de coraje, orgullo y lealtad. Aunque sea una borracha, es alguien respetable y de honor intacto. Y es todo esto lo que le cae de golpe a Seyren. Con sólo verla así, comprende que ahora él es el perdido. Más, aún siendo un vil espíritu, la esperanza es lo último que se pierde.

Sin palabras se lanzan al combate una vez más el espíritu y la campeona. Los huesos crujen. Los dientes rechinan. La sangre se derrama. Y la muerte acecha muy de cerca a los dos, expectante del resultado (no me preguntes porque la parca quiere llevarse a Seyren también, seguro porque se le escapó o algo). Imagina lo increíble que es la batalla como para que ella no sepa quien gana. Ya todo terminó, sabes. Todo el amor que hubo entre esos dos, se fue. Seyren alguna vez llegó a mirarla y pensar que sería una campeona comprometedora. Pero el verdadero Seyren, no éste: espíritu malévolo, sediento de sangre y dolor.

Cada vez que me acuerdo de esto, me río.


Blood ruge una penúltima vez. ¿Cuántas horas han pasado en realidad? Pocas pero como bien dije, parecen eternas. Y no creas que las horas se han desperdiciado ya que han cambiado las vidas de los del pelotón. Sus mentes nunca olvidarán el dolor, el sufrimiento, el terror y la gloria. Sí, gloria. Gloria de peleas tan épicas y duraderas, locas. Y con tal rugido una chispa de miedo surge en el espíritu vengativo. Sabe que viene lo feo, de alguna manera lo sabe.

Blood mantiene una distancia prudente entre Seyren y ella misma. Unos cuantos metros. Las esferas de su alma surgen, son consumidas para entrar en un estado de furia y vuelven a emerger. Parece la reina del mar. Las ondas de energía parecen las olas de éste. Y si cae, ¿qué es la vida? ¡Si por perdida la dio desde hace años!

Blood ruge una vez más. Ella es libertad, ella es su propia diosa. Todo a su alrededor parece insignificante, todo incluso sus amigos. Masaho que está atónito y los demás que no se mueven. El espíritu teme por su vaga existencia y suspira. Aunque no sale ni entra aire, es el gesto que podemos interpretar como un suspiro, ¿no? Los hombros suben y bajan, y luego la boca se abre. Un suspiro.

Sangre derramada por inocentes y culpables, por una guerra silenciosa que va a estallar.

No, no hay culpables más que la avaricia, el poder, el miedo y demás emociones malditas. Esas emociones que pueden llevar tu alma al infierno.

Y Seyren enfunda su espada y flexiona sus rodillas. Inclina su torso hacia adelante, ya listo para su primera muerte (porque recuerden que no es el verdadero Seyren del todo). Parece un samurái. Un duelo entre la campeona y el caballero renacido. En sólo segundos, se disputa todo… Y se lanzan a eso, a resolver el conflicto.

De lejos sólo vemos figuras moldeadas por años y años de lucha, de dolor, de gusto. Ningún dios impedirá el final de ellos. El cielo los está castigando a los dos por males que nos hicieron. Ningún dios impedirá la colisión entre los dos entes llenos de poder y coraje.

Asura Strike!!

Por un lado, y por el otro

Ignition Break!!

Y una explosión de fuego envuelve a las dos siluetas, evitando que alguien ajeno al encuentro pueda distinguir que pasa. Las llamas producidas por el caballero son de un diámetro de tres metros. Todo ha llegado a su final. No más dolor, no más ira. No más esperar.

-¡BLOOD!- chilla Masaho mientras intenta andar. Sus piernas no responden por ahora por más que trata de moverlas. Se maldice a si mismo por ser tan débil, por hundirse. Por tener miedo… Y reacciona: tira su espada a un lado y con ambas manos se aprieta el muslo derecho. Luego hace un esfuerzo descomunal y levanta su pierna, para después arrojarla un paso hacia adelante. Si tus pies no sirven, usa tus manos. Así anda varios pasos… que realmente, se vería ridículo si no fuese por la armadura rota, la sangre, su rostro de histeria y sus compañeros caídos. Ahí se ve perdido.

Y adivinen que… el estandarte del orgullo sigue en pie. Una mujer increíble.

Para defender a sus amigos y su fe luchó sin tregua y con valor. Las llamas no son suficientes para acabar su débil cuerpo. La victoria se ganó. ¡Ella nunca arderá en la hoguera! Se niega a morir. ¡Tremenda mujer! Y justo enfrente suyo, Seyren se está desvaneciendo. Como si fuese una figurilla hecha de cuerdas, poco a poco se va deshilando. Él le sonríe a ella y extiende su mano, mano que Blood normalmente tomaría. Pero no ahora que está inconsciente. Sí, queridos lectores, todo esto lo ha hecho con el mero instinto. Una guerrera de corazón. Y lástima por Seyren que no es correspondido en la despedida. Pero no importa, él entiende la situación. Voltea hacia Masaho… y le sonríe.

Entonces desaparece de la vista de todos.

Otra vez la mente de Masaho hace un crack. El pobre ya está demente. Un alarido de dolor y falta de juicio no se hace esperar; alarido que parece el chillido de un dragón. Cae de rodillas, ya sin energía y sin ganas de moverse. Comprobó que su amiga está bien por ahora. Falta tratarle las heridas… A ella y a todos. Pero eso no le importa ahora, está agonizando por dentro. Está ardiendo por dentro. Realmente podría morirse de tristeza. ¡Pero muchacho! ¡No te rindas aún! ¡Te falta mucho por vivir! ¿Y tu mujer? ¿Y tus amigos? ¿Y tu honor?

Ella se acerca.

Y creo él que me escuchó porque se levanta a los pocos segundos. Su figura da lástima: de pie y casi destrozado, lágrimas que se mezclan con la sangre y un equilibrio falso. Se va a caer, se va a caer… Y cae sobre una Blood que lo abraza estando los dos de pie. Ella sigue sin conocimiento, el instinto mismo actúa. El caballero renacido se ríe entre dientes y le susurra:

-Te debo una ronda.

***

Tonto corazón.

No hay sangre. No aún.

Sólo moretones y orgullos partidos. Grahnye está de rodillas y exhausta de tanto curar a sus compañeros. Sajour es el que recibió sólo el daño. No sangre, no cortes, no desmembramientos, sólo daño. Valsione ha agotado sus pociones y Sonata Arctica está estresado. Hypnotize contempla sus cuerdas rotas y la madera astillada; le partieron la musa en dos. Aslak, en cambio, está inconsciente y casi sin vida. Eltosian, del otro lado, está más que harto y enloquecido. Se está quebrando.

¿Por qué?

Porque Howard Alt-Eisen es su enemigo. Ese herrero tan poderoso y majestuoso que alguna vez educó a Angellore, es su enemigo. Un demonio en persona, pero de los que no logran llegar a nuestro mundo por medios normales. Entonces dirás, ¿cómo carajo está ahí? Ellos tampoco saben. ¡Y mucho menos yo!

Destino cruel que los obliga a defender los frutos de una traición. Una mujer todo un reino condenó. No entienden la situación y no la han elegido. Aún desconocen todo lo que está detrás del velo. Pero eso no les impide sentirse mal y tener que defenderse. En infinitas ocasiones peleamos contra nuestro destino sin saber porqué. Siempre hemos de afrontarlo con al frente en alto y una sonrisa, ¿no crees?

A simple vista Howard parece un oscuro herrero renacido: musculoso, ágil y resistente. A simple vista se nota que es un espíritu igual que Seyren. Su tenue color de piel y su falta de respiración. También la falta de emociones o el pícaro brillo que tuvo en sus ojos alguna vez, es notorio. Eso y sus retorcidos movimientos que parece una serpiente.

Al final, pudiste tenerlo todo, mi imperio de suciedad.

¿En qué se han convertido? En demonios internos. Tantas ironías en la vida. Ironías que Eltosian no comprende ni quiere hacerlo. Él está mal, muy mal. Su respiración es errática y sus extremidades tiemblan. Los dientes rechinan y los ojos están inyectados de sangre. No está de humor, en simples palabras. Él realmente cree que el destino le está haciendo MUY malas pasadas; malas, malas. Feas pasadas. Más, muy en el fondo espera que sus amigos la estén pasando mejor porque tanta ironía y coraje no se lo desea a nadie. ¡Pero está equivocado! Masaho está casi retorciéndose por puro dolor psicológico, Blood tiene un túnel en su abdomen y los demás respiran muy apenas. Pasarán un par de horas antes de que puedan echar a andar sus piecitos.

Eltosian se lamenta. Si pudiera él volver a empezar todo sería mejor. Habría traído más gente. De hecho, habría atacado de lejos con magias poderosas y explosiones. Habría desecho el lugar para que nadie pudiera entrar. A nadie le desearía tanto sufrimiento, ni a su peor enemigo. ¡Pero no existe regresar el tiempo! No aún… Aunque seguramente Kafra Corp. tiene esa tecnología pero no la comercializan.

Minutos.

Horribles y angustiosos minutos. Todos al suelo tal como el equipo que descansa del otro lado del enorme laboratorio. Sajour ya no pudo sacrificarse por los demás y el dolor es infinito. Pocas ganas tienen de luchar. Incluso Sonata Arctica anda sentado. Valsione abrazando a su Lily la cual está hecha un mar de lágrimas. Debe darle esperanza. Grahnye por unos segundos cuestiona la existencia de su Dios y a Hypnotize se le van sus musas una y otra vez; tararea canciones y las pierde… Ah, es que él es un juglar muy silencioso excepto cuando toca la guitarra o el violín. Aslak sigue exhausto aunque ya más estable. El único de pie, también con alas de fuego, es Eltosian. Sí, también está poseído por el orgullo y el coraje. No, aún no está inconsciente y seguro no lo estará, sólo demente.

Es cierto, falta algo de protagonismo por parte de los demás pero están al borde de la inconsciencia así que no se pueden dar ese lujo, no aún.

Con las botas bien clavadas al suelo y la lanza en la mano derecha apuntando hacia el cielo, como retando a los dioses a que ayuden a Howard. No le teme a la oscuridad. Cada noche vigila el sueño de su amada pero eso no significa que tenga que descuidarla de día. Sus dientes siguen rechinando y la sangre hierve en su interior.

Él ha de esperar hasta el final para vengarse por ti.


Arderán en la hoguera por defender su fe.

El caballero carga contra el espíritu sin pensarlo. Cuando un metro separa a ambos combatientes Eltosian arroja la lanza como lo hizo alguna vez contra Blood. Y los segundos que tarda Howard en desviar el arma disparada con su propia hacha, son los segundos que el caballero aprovecha para saltar y desenfundar su sable (sí, aquél que usó contra el estómago de Blood) y caerle con todo su peso sobre la cabeza.

Los minutos siguen igual de eternos.

Piernas. ¡Benditas piernas! Éstas ayudan a que Eltosian siga bailando con Howard. Es una danza macabra donde el que falle el paso perderá la vida.

El condenado herrero estuvo a punto de desaparecer pero materializó otra hacha justo a tiempo para bloquear el mortal ataque. ¿Y de qué forma? El hacha apareció encima de su cabeza y la espada chocó contra ella, transformando el daño a contundente en lugar de cortante. Es como si hubiese usado sus habilidades para forjar un arma con materiales encantados. Pero materiales falsos esta vez.

Con los sentimientos a flor de piel y el dolor tejido hasta los huesos. La gravedad se hace más obvia en el agotado cuerpo del caballero mientras que el perverso herrero sigue casi intacto (menudo tramposo el espíritu).

Soldados perfectos, ¿no? Los dos. Uno porque no se rinde y el otro porque no es de este mundo.

Tantos años sin haberse jugado la vida en serio y de golpe casi la muerte lo despedaza con un tajo de su hoz. Pero, ah, como son tercos. Como ya he dicho varias veces: siempre luchando contra los dioses, siempre enfrentando su destino. ¡No se cansa! La lógica no existe, queridos lectores. Y yo sonrío.

Silencio.

Los labios del rubio están sellados. Sólo se escucha su agitada respiración y los besos entre su sangre y el suelo.

La lanza que le dejó la cicatriz a la campeona casi llora. Está solita y lejos de su amo. ¿Cómo pretende la pobre cumplir su función si está lejos de su dueño? Ella desea con todas sus ganas que aquellos fuertes dedos la vuelvan a sostener para poder brindarle esperanza y darle otro motivo más para vivir. Ganas no le faltan de rodar y llegar a los pies de Eltosian.

No puede.

Lo lamento, lanza. Pero esta vez no estás para cubrir el hachazo que le dan a tu señor y que casi le arranca el brazo derecho: el filo inmaterial clavado justo a lado del pectoral de dicho lado, hasta la mitad. Tendones, nervios, músculos y casi hueso. La sangre salta y gotas llegan a ti, que estás en el suelo, haciéndote sentir todavía más impotente. ¡Pero a tu amo no le importa! Él sabe lo valiosa que eres. Y una sonrisa se dibuja en aquellos sellados labios y él aprovecha la cercanía: desenfunda una daga de combate de su pierna izquierda con el brazo sano y se la clava en el cuello al herrero fantasmal. El cuchillo estuvo refugiado detrás de la placa de metal que está encima del calzado. Es un arma de hoja oscura y se usa comúnmente en la milicia. Si Howard hubiese sido un humano, habría muerto. ¡Maldito espíritu ventajoso!

Lágrimas escapan de los ojos de la esposa. Ella cree que el final está cerca, que no hay más. Y yo quisiera susurrarle: Mujer, calma, aún te falta conocer por completo a tu hombre.

De nuevo varios metros separan a los dos sádicos.

El joven esposo ha perdido unos cuantos cabellos. Mejor cabellos que la cabeza entera, ¿no? Él ha usado cada arma inimaginable que se escondía en su armadura. Dagas, espadas largas, espadas cortas. Todas terminaron rotas y lejos de sus manos. Él es muy capaz de usar el pomo solamente para atacar; Howard lo sabe y por eso lo arrincona contra la pared más cercana. Una pared que tiene manchas de sangre de diferentes organismos, palabras escritas con metal y piedra y arañazos de gente desesperada. Ver la pared le provoca a cualquiera un escalofrío. Es como una pintura que relata toda la historia del suculento laboratorio.

Brocca sigue lejos. Su arma favorita y la que mejor maneja no está disponible por el momento. Alguna ayuda se le debía dar a Howard, ¿no?

Todos y cada uno del equipo se sienten mal física y emocionalmente. ¡No le pueden ayudar! Sus mortales cuerpos no obedecen… O más bien, no pueden. Falta energía y descanso. Ni arrastrarse les es posible. Incluso Sajour que es el mejor entrenado contra la falta de vitalidad, no puede.

Desgracia tras desgracia. Lágrima tras lágrima.

Ahora Eltosian casi pierde la pierna derecha. Un tajo muy profundo se encuentra en el muslo y le rozó el hueso. Cortó el músculo y algunos nervios. Y a pesar de todo eso, los labios siguen sellados. Sabe que si grita el herrero maldito lo va a disfrutar y que su gente se va a desmoralizar peor. Tiene que ser un buen líder; lo es. Nunca deja de exigirse a si mismo lo mejor. Y también sabe que todo hombre tiene su precio, por muy alto que sea, y que el suyo está por llegar. Y sobre todo eso sabe que nunca más peleará igual. Tantas heridas mortales que terminarán como cicatrices que le desgarrarán el sueño cada vez que se acueste.

El espíritu baila como haciendo un rito prohibido y como poseído por el instinto mismo. Brazos al aire y sus armas girando; en ocasiones se relame los labios y a veces lame sus hachas. Es un horrible rito.

Y llega.

Eltosian termina de rodillas y con la cabeza gacha. La sangre y el oro le tapan el rostro. Sus brazos cuelgan casi como péndulos y su corazón yace frente a él, figurativamente. Quiere dar para más. Sólo quiere. Sólo le es posible querer. ¡Se ha desplomado! ¿Llegó su hora? Es posible. Muy posible.

El sombrío herrero idea planes macabros sobre como descuartizarlo, como hacerlo sufrir, como hacerlo llorar. Como terminar de destrozarlo. Como repetir lo que ha hecho con cientas de víctimas anteriores. Y se le ocurre la mejor de las ideas: dejarlo a él para el final.

Los ocultos cielos chillan cuando Howard Alt-Eisen se acerca al pequeño batallón con pasos lentos y arrastrando el hacha. Aunque sea inmaterial, el rayón del metal falso contra el piso es agudo. Eltosian ha pasado a ser el postre.

Grahnye, Sonata Arctica, Sajour, Hypnotize, Valsione y Aslak Fauster. Ellos le miran de frente y sin temor aparente; con la frente en alto y la cara endurecida. Y hay algo que le resulta familiar… La mirada de la alta sacerdotisa. Es una mirada profunda y de paz, llena de rectitud y lealtad. Se parece mucho… a la de Eltosian. ¿Acaso las miradas se contagian?

El herrero entonces gira su cabeza y divisa al caballero en las mismas: mentón alzado y rostro de piedra. Y como si de samurái se tratase, sus manos sobre los muslos, cerca de la cintura y la espalda recta. Las piernas dobladas hacia atrás y los pies en vertical.

Todos ellos están listos para morir. Pero yo sé que no lo están muy en el fondo. Quieren seguir respirando por muchos años más.

Como una terrible araña escogiendo su bocadillo de entre toda la red tupida se siente Howard. Una sacerdotisa perdida, un caballero masacrado, un asesino cruz exhausto, un paladín derrocado, un juglar aplastado, una bioquímica rendida y un hechicero moribundo. Todos tan suculentos y tentadores. Aunque eso sí: dieron mucha pelea. Es de los grupos que más han durado por acá… Porque expediciones anteriores terminaron en la eliminación de dos de sus antiguos compañeros y en el exterminio de cientos de leales servidores.Blood y compañía tuvieron algo de suerte, pues Howard, Seyren y Kathryne Keyron no contaban más con la ayuda de Eremes, Cecil y de Margaretha. La gracia, ¿no? Apenas entre cientos valientes pudieron acabar con ese trío. ¡Pero Howard ignora que es el último sobreviviente! La misión es casi un éxito.

No habría para ellos nada mejor que una canción de cuna. Poder cerrar sus ojitos, relajar el cuerpo, dormir… y dormir por siempre.

Pero Dios no abandona a los suyos. Grahnye se pone de pie con varios milagros unidos y junta sus manos. Parece que quiere rezar. Los codos a lado de los pechos y los ojos cerrados; dedos entrelazados y respiración pausada. No reza, ruega. Ruega porque sus almas lleguen al paraíso y puedan descansar por fin. Han sufrido como ningún otro humano, elfo o dios lo ha hecho antes.

Ya, paz. Paz por fin.

Howard Alt-Eisen levanta su hacha con ambas manos. Un ejercicio básico. Partir por la mitad algo.

Grahnye es la primera… en observar como Eltosian en pocos parpadeos toma su Brocca del suelo y con ella atraviesa la espalda del herrero. La punta del arma saluda de frente a Grahnye, como diciéndole “¡He vuelto!”. El caballero tuvo que atacar por la espalda para salvar a su esposa y su gente. ¿Poco honorable? Tal vez, pero dime tú, ¿qué es el honor sin amor o sin tener a quien proteger?

Pierce!!

Esfuerzos sobrehumanos. Alas de fuego. Estandarte de orgullo. ¡Locura!

Eltosian retuerce el arma con dos manos y la sacude hacia arriba y abajo, tratando de remodelar el cuerpo del espíritu con un túnel nuevo para mejorar la circulación y disminuir el tráfico. Después la retira ante los atónitos ojos de su esposa. Y forzando todavía más su cuerpo, le da un azote con Brocca feliz en un costado a Howard, logrando arrojarlo varios metros lejos. Todo este acto ocurre en segundos y sin embargo le cuesta a Eltosian unos meses de vida.

Bowling Bash!!

El herrero no se ha repuesto del susto y de la sorpresa. Eltosian tiene segundos gratis, segundos que aprovecha: carga de nuevo contra él, casi como empezó todo. Un rugido de león, de gloria y de poder le desgarra gustosamente la garganta. Ahora Howard teme y trata de huir emprendiendo una carrera. ¡Las cosas no deberían ser así, piensa! Pero lo son. Lo son porque así se lo han ganado ellos. Para bien o para mal, esto es lo que pasa:

Eltosian brilla como un caballero dorado y de nuevo atraviesa a la sombra retorcida y maldita que se hacía llamar Howard.

Pierce Stab!!

Recordemos que no son en realidad lo que ellos fueron sino unas versiones corruptas y sin sentido. La lanza de platino quema a la criatura de la noche y la obliga a evaporarse. Por los aires se va el terror. Por los aires se va todo el miedo y la pena…

Están vivos. Han vencido lo peor que ese lugar podía ofrecer.

Los dos grupos han sobrevivido contra toda expectativa y apuestas de los dioses. Pero esta prueba superada sólo es una pequeña parte de lo que sigue. Aún faltan misterios por salir a la luz y cuestiones personales que resolver.

Más, me alegro que estén bien dentro de lo que cabe.
« Última modificación: 19 de Mayo de 2009, 06:27 por Fenryr » En línea

Dominador
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Fall in madness?

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« Respuesta #35 : 18 de Mayo de 2009, 18:22 »

Biolabs: mision cumplida.

Muy buena historia, espero ver la siguiente y ver que nuevas bestias enfrentaran (yo queria tener el placer de matar a Katryne TT.........)

Pero bueno, espero que pronto coloques una continuacion de la historia.
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Dominador, esta vez voy en la lucha contra la corrupcion.
karlita bass
Raydric
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« Respuesta #36 : 19 de Mayo de 2009, 05:56 »

me parecio muy bueno, solo tengo unas cosillas mas que decir

- te falto la sniper.

- "podrias tener mi imperio de suciedad" (o algo asi) es la letra de una cancion muy muy buena

- me parecieron muy buenas las peleas y la forma en la que narras lo ace mas emvolvente pero siento que deves ser un poco mas directo con las acciones.

que personaje de el fic es el del post de arriba?, la vdd me dio mucha curiosidad



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Fenryr
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You gotta spend some time with me.

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« Respuesta #37 : 19 de Mayo de 2009, 06:25 »

Es Dominador... ¡Y yo tampoco sé que personaje es! o_o OMG!

Y sí, había olvidado a Cecil ._. pero la puse... Y creo que no se guardó en el cambio. Edito, thx <3

I would make you hurt...

Gracias a los dos por comentar (:!
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Dominador
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Fall in madness?

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« Respuesta #38 : 19 de Mayo de 2009, 18:53 »

Yo no soy ningun personaje de tu historia, solo di mi opinion (si me quieres colocar hazlo, pero poneme como fanatico de las Wizard's... y7 como un wizard muy experto xD)
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Dominador, esta vez voy en la lucha contra la corrupcion.
Fenryr
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« Respuesta #39 : 22 de Julio de 2009, 16:40 »

Escucha coros celestiales y también voces agitadas y nerviosas, voces que reconoce: una de ellas es de su mejor amiga y otras son de conocidos, parecen ser de gente con la que alguna vez peleó con y contra en distintos gremios. Siente como los ángeles la abrazan y a la vez que humanos le tiran de los músculos y nervios con fuerza con el único fin de reconstruirlos y de probar que hay gente que se burla de Dios. También siente como si le revolvieran los órganos en un macabro juego de azar. Y que de nuevo le estiran músculos, nervios y demás. Es un proceso constante. ¡Y muy peligroso! No hay un margen de error aceptable.

¿¡Qué dice?! ¿¡Por qué soy de los principales sospechosos?! ¿Sólo porque tuve un mejor equipo y la suerte de sobrevivir? ¡No tiene sentido! ¡Mi equipo terminó hecho trizas! ¡Claramente hay documentos en todo el laboratorio!

Ahoga muchos gritos y rugidos. Quiere desgarrarse la garganta pero aún la tiene lastimada de tanto haber enloquecido hace varias horas. Y mil sensaciones de dolor, placer y energía se arremolinan en cada fibra de su ser, en cada pedacito de su roto cuerpo. Cree que la están usando para esos terribles experimentos pero afortunadamente se equivoca, ya que la están tratando de reparar para poderla hacer andar de nuevo. Es volteada hacia adelante y atrás. Adelante y atrás. Adelante y atrás. Y con cada giro sus recién regenerados nervios le comunican que la sangre no deja de escapar. Y también que sangre nueva llega sabe el cielo de dónde.

¿Acaso alguna vez he traicionado al reino? ¡No tienen sentido estas acusaciones! Tal parece que quiere chantajearme para comprar mi silencio y no revelar secretos… Oh, sí, sus miradas dicen eso. ¡Dicen que sé demasiado! ¡Lo sabía! ¡Bastardos de la corte!

La droga comienza a perder efecto y el dolor es muchísimo más intenso. Comienza a sacudirse como reacción natural para echar esa fea sensación de su cuerpo; y comienza a sentir presión en sus extremidades, siendo prisionera de desconocidos. O tal vez de las voces. No lo sabe aún. ¡Pero esas adiciones no son suyas! Se sienten bien y como el original, pero no lo son. Están hechos por manos humanas y no las de Dios. A su medida, eso sí, con la cantidad exacta que necesita para evitar que el cuerpo rechace esos repuestos.

¡Quiero hablar con el rey ahora mismo! ¡Llama a los guardias que quieras pero voy a verlo! ¡Sabes lo bien que puedo luchar así que no sacrifiques a hombres leales en vano! ¡Yo ya me harté de tu estupidez y tu nublado pensamiento!

Pero de nuevo el cuerpo se siente pesadísimo y detiene sus retorcidos movimientos. La droga por segunda ocasión se devora entera a la mujer; ahora de un solo bocado porque hay más droga que mujer. Y sólo le quedan sus preciadas cicatrices.

***

Llena de heridas y vendajes, forzada al exilio. Una rutina cínica, acusada, abandonada, casi mutilada.

Escucha ahora más voces, a sus amigos llamándola a diferentes horas y días. O más bien los escucha sollozar y murmurar, a la lejanía, como si estuviese dormida o algo similar. O como si ella estuviese cerca de la muerte. ¡Ay, Dios! ¡Que risa! Cerca de la muerte. ¿Ésta loca que vive al extremo y nunca deja de dar puñetazos y ser grosera se encuentra cerca de la muerte? ¡Si la huesuda le tiene miedo! Se la ha querido llevar por bastante tiempo para tener con quien jugar o emborracharse pero la campeona no se deja. ¡No se deja! Siempre encuentra fuerzas para resurgir de lo más hondo de sus cenizas y volver a volar. Terca hasta el final. Lo único que podrá llevársela es la Naturaleza misma.

Pero está cómoda. Acostada en una linda cama que la ha cuidado por muchísimas horas. Con esa sensación tan placentera le dan ganas de seguir durmiendo para siempre. También siente que le toman la mano y le escupen besos y palabras ahí. En otras ocasiones le toman de la frente y depositan alientos y esperanzas con el único deseo de que ella regrese pronto. ¡Gente de poca fe! Todo vuelve al final, ¿no?

¡Arráncame el corazón si tú te vas!

Es entonces que un día cualquiera, cuando nadie se lo esperaba, abre sus ojitos. Nadie a su alrededor y la luz le molesta durante las primeras horas. Lo primero que nota son las tarjetas de Recupérate pronto y la infinita cantidad de flores que está a su alrededor. ¡Una jungla muy colorida! Rosas, jazmines, orquídeas, clivias, claveles, violetas y azucenas. Toda una gama como para hacerse una ensalada y acabar con los pétalos masticándolos. ¡Y le dan ganas de eso! Tiene bastante hambre. ¿Estuvo una noche sin consumir alimento, acaso? La sensación de tener un hoyo en el estómago le incomoda y después le hace recordar que literalmente tuvo un hoyo ahí. De inmediato se levanta la blusa blanca de enferma y encuentra vendas muy buen puestas. Están apretadas y no le dejan ver, por lo que son arrancadas con mucha prisa y poco cuidado. Y por una vez, sólo una vez según recuerdo, se arrepintió de ser tan impulsiva.

Por mucho tiempo se consideró una mujer fuerte. Y la mayor prueba que le refuta eso es que las horas siguientes las pasó llorando su cuerpo, su mente y su pasado. También sus traumas y sus preocupaciones. Ojos hinchados y rojos, mejillas húmedas y manos endurecidas. Mar de mocos y lágrimas. Garganta seca y su hermoso cuerpo, ahora mutilado, tembloroso. Casi se quebró en dos al ver aquél… horrible círculo. Un círculo de piel que sustituye al horrible túnel, cortesía de Seyren. Se sintió una muñeca de trapo al ver que la piel más clara parcha a la piel más quemada.

Se abrazó a sus piernas por otro par de horas agradeciendo a los malditos cielos que nadie había pasado a buscarla aún. Las arrugadas frazadas le sirven de refugio y le proporcionan el único calor disponible en toda la habitación. Se hunde en la cama de muy mala gana al sentirse más ligera. ¡Pues claro! Perder bastante sangre y algunos órganos hacen sentir a cualquiera más delgado. También deprime a uno. O al menos a ella.

Las paredes de piedra quieren abrazarla y consolarla pero no se mueven de su sitio, sólo pueden regresar sus sollozos para que éstos no lleguen al exterior y así brindarle más momentos de soledad. Incluso las flores se deterioran poco a poco, marchitándose muy lento para el sentir humano. Y son esas flores las que le recuerdan con su aroma “Estás viva”. ¡Y calla! Sus gritaderos y lloriqueos cesan mágicamente.

Siempre consideró tener un buen y bonito cuerpo.

Cómo duele el corazón de sólo pensar que ya no es la misma y que su rendimiento no será el mismo. ¿Por qué, por qué? Oh, cruel destino. Se siente una vil marioneta, una broma de los dioses. Y ese sentimiento tan pesado y profundo le molesta. ¡No, ella no es así! ¡Ella es alegre e hiperactiva! ¿Desde cuándo se ha dado tiempo para sentirse mal? No, no. ¡Esto es incorrecto! Así que toma cartas al asunto: echa la frazada a un lado y se pone de pie; coloca sus puños en sus caderas y levanta la frente como diciendo ¡He vuelto, mundo! ¡Agárrense que ahí les voy!

Y la que se agarra es ella. Se cruza los brazos sobre el abdomen mientras se retuerce en el suelo tratando de no gritar. No quiere llamar la atención así que una traviesa lagrimita se desliza por su mejilla y moja el frío piso; el dolor se debe liberar de alguna manera.

Y un chillido se escucha: Cabra Asesina Jr. corre a su dueña hecho un mar de lágrimas y la abraza como puede.

-¡Tonta! ¡¡Tonta!! ¿¡Qué carajos crees que haces?!

El pequeño demonio la abraza con los ojos hinchados y empapado de agua salada.

-¿¡Qué tienes en tu cabeza hueca?!

El pequeño demonio llora más fuerte que un bebé. En menos de un minuto la regaña por ser tan estúpida, la felicita por ser muy fuerte y la vuelve a regañar por estúpida. Y también la ayuda a que se siente a un lado de la cama. Todo sin dejar de lloriquear. Aquella feroz carita ahora es una hermosa cascada sin fin.

¡Tú, eres todo para mí! ¡Todo lo que tengo yo!

Pasan minutos donde sólo se escucha el ya más tenue sollozo de la mascota.

Cómo duele el corazón.

Ella nunca dejó de luchar. Aún inconsciente o casi en coma, no dejó de luchar. Cabrona hasta el final, ¿no?

Pasan minutos donde sólo se escucha el roncar de la mascota que dormita placenteramente sobre la cama.

Estuvo horas vigilándola para esperar ver esos ojos abrir y ser el primero en reprenderla. ¿Cómo se le ocurre andar de loca y de descuidada? ¡Si la vida es lo más valioso que se tiene! Es tonto desperdiciarla así… Bueno, no es desperdicio. La campeona vive al extremo y disfruta cada maldito día como el último. Si de un día a otro la parca se llevase su alma, la recibiría con una sonrisa. Tuvo una buena vida.

Se abre la puerta.

Y como cuerdas de guitarra arrancándote las venas para seguir tocando acordes, llega Valsione dando zancadas lentas e inseguras. Se tambalea creyéndose ella la lastimada: sus piernas flaquean y sigue caminando hacia su amiga, casi hermana. Y como si fuese una harapienta zombi se aproxima paso a pasito, pensando que decirle. ¿Disculparse? ¿Felicitarla? ¿Regañarla? Son tantas cosas a la vez que podría decirle pero nada quedaría claro. Quiere gritarle también, de alegría por haberse ganado la lotería de la supervivencia y gritarle por ser premiada como la más hueca de la cabeza. Y siendo la misma zombi levanta sus brazos al borde de las lágrimas.

Ahora los papeles se invierten: mientras Valsione lucha por controlarse Blood la aprieta entre sus brazos, las dos sentadas en el piso. La bioquímica llora un poco más quedito que el demonio. Más llorar y llorar, mezcla de sentimientos: culpa, felicidad, perdón, miedo, pena, impotencia y gusto.

La habitación de piedra las protege del resto de la ciudad de Yuno. Ahí en una casa rentada para el único propósito de alejarla del bullicio y poder hacer prácticas prohibidas ante los ojos de Dios: alterar el cuerpo humano y desafiar las leyes naturales del destino. Blood NO debería estar viva. Le quedaban horas de respiración, horas que Valsione, Alzheimer, Antila y Pericles transformaron en décadas. Usando piel y órganos sintéticos y extraídos de criaturas, fueron mutados por la alquimia y la ciencia, lograron que pareciesen los originales. Los implantes se acoplaron casi a la perfección a Blood. Casi porque no son los que le dio Dios. Esto implica que ella es pecadora al aceptar dichos regalos. Justicia divina, irónicamente. Pero Dios la ama tanto que la perdona. La perdona y la deja seguir coleando por ahí.

-¿Quieres… oír… tus secuelas?- musita Valsione con un hilito de voz, hilo que Blood usa para tejer su valor y asentir con la cabeza. La alquimista renacida usa el mismo valor y habla ya con más calma.

-Has perdido algo de rendimiento físico, tenlo por seguro. Debes descansar durante las próximas semanas hasta nuevo aviso. Cero alcoholes. No, no me hagas esa cara: cero alcoholes. No tomas hasta que yo lo diga. Probablemente te sientas perdida y te de comezón en tus implantes. Podrías llegar a enfermarte… Si te esfuerzas mucho demasiado pronto podrías perder el conocimiento y que el cuerpo rechace los implantes.

-Espera, espera, ¿qué implantes?- pregunta Blood cuando Valsione deja de mover sus labios.

-¿Estás segura que quieres oír?- responde su amiga algo nerviosa.

-Segura. ¡Necesito saber que me hiciste!- exclama la campeona.

-Te salvé la vida. Y te diré que usamos órganos, piel y tejidos de súcubo y Zherlthsh.

Blood parpadea. Parpadea una vez más. Y con la pura mirada y la cara de ¿Qué carajo? le pregunta a Valsione.

-Era lo más rápido de encontrar y lo más… humano. No me reclames que son como demonios, lo sé. De otra no había. Y no debería haber secuelas… No creo que te hagas gitana y mucho menos vampiresa.

-Si por las noches me trepo encima tuyo y te latigueo, ¡que sepas que es tu culpa!

-N-no debería pasar eso.- susurra la bioquímica sin poder captar el humor. Blood suspira y la abraza con fuerza una vez más. Y contrario a lo que debería pasar, la campeona arrulla a Valsione.

Aunque muy en el fondo le duele a la recién operada todo eso, todo lo que pasó y todo lo que pasará, no se arrepiente.

Y no quiero que el mundo me vea porque no creo que vayan a entender. Cuando todo parece estar hecho para quebrarse, sólo quiero que sepas quien soy.

Horas después ya cerca del anochecer sale Blood a caminar. Los vendajes han sido cambiados: abdomen, rodilla derecha y puño izquierdo. Al final, sí tiene dedos y costillas fracturadas. La pierna sólo tiene raspones. Y el mismo aire travieso la recorre entera. Es una rica y sabrosa brisa nocturna que le anuncia la llegada de una noche nueva: nueva porque no tomará más. Ya no habrá alcohol recorriendo por sus venas y mareos y vómitos dándole los buenos días. El dinero se invertirá en mejores cosas que en bebidas preparadas y apuestas sobre quien se desmaya primero (Blood tiene el mayor récord de la taberna con nueve pintas en cinco minutos). Nueva porque pensará un poquito más antes de lanzarse al combate como bestia desquiciada y suicida: tratará de hacer mayor uso de la razón (porque sí la tiene pero la ignora siempre) y de la lógica (lo mismo). Seguirá siendo ella misma pero con más control y cuidado. Aunque al final de todo seguirá igual de impulsiva y arrojadiza; la frente en alto, el puño bailando y la sonrisa fugaz.

Sólo quiero que sepas quien soy.

El fresco aire anuncia que el verano está por irse. Quedan días antes de que acabe esa temporada. Los cielos comenzarán a nublarse y las hojas a saludar al suelo. Pero las nubes no sólo llegarán al cielo, sino también a la vida de nuestros aventureros una vez más.

***

-¡Masaho! ¡Cálmese! ¡Es una orden!

-¡No hasta que me expliquen!

-¡¡Está usted bajo arresto!!

-¡INTÉNTELO!

***

La oigo venir desde cinco millas atrás. Esta chica es algo, sé que va hacer mi día.

Un puño al cielo.

Su puño izquierdo con todo y dedos fracturados, con piel raspada y quebrada, con orgullo intacto. El brazo extendido y firme, como el estandarte que es ella. Está retando a su Dios para que intente tumbarla, despojarla de su ser.

Pero Dios sonríe. No va a derribarla.

Y la campeona suspira, exhausta. Está en un bote que surca los cielos y atraviesa nubes. Está en algo que llamamos vida. Un mundo espléndido, deja a tu corazón soñar.

Una pícara sonrisa se desliza por su cuerpo y la hace suspirar. El cosquilleo de felicidad se apodera de su cuerpo y la obligan a bailar en la calle, pareciendo una gitana. Da saltitos sobre cada uno de sus pies y gira los brazos en el aire, buscando compañero de baile. Sus párpados juntitos y sus dedos acariciando el inexistente vals. Y con cada paso comienza a ganar velocidad para después a los pocos segundos correr en contra del aire y de su destino. Coros celestiales la acompañan mientras ella recuerda todo lo que fue, lo que es, y piensa en lo que será. Una vida nueva que compartir con sus amigos, con Dios y con el fuego. Cientos de emociones se arremolinan en ese cuerpo frágil y bendito; mil sensaciones que la hicieron lo que es.

Pareciera que ha vuelto a nacer.

Es Blood. Es una cabrona, es una campeona, es una diosa, es un demonio, es un ángel, es ella misma.

Hola, hola, hola. ¿Va a durar?

El sol la saluda a lo lejos y se esconde despacito, siendo el menor de los dos; la luna es mayor y al mismo ritmo va a entrar.

Las siguientes horas las pasa sentada al borde de la calle, pensando. Aunque su amiga le ordenó descanso, no puede evitar meditar y reflexionar sobre lo que viene.

La enorme ciudad flotante con sus infinitas piedras le proporciona una calma indescriptible. Es tan fuerte a la vez y tan frágil: si remueves su corazón, cae irremediablemente. A ratos se le va el aire y a ratos las lágrimas huyen. Pero está bien dentro de lo que cabe.

Dime, ¿valió la pena?

Tiene tatuajes la chiquilla. O cicatrices pero le agrada más verlo como tatuajes porque ella quiso hacérselos. Ella permitió que la lastimaran, que la obligaran a ser más fuerte. Ella eligió esta vida y nunca se arrepentirá de ello.

¿Tú qué crees?


-Buenos días.

La despierta de su larga siesta una voz grave que conoce muy bien. Es aquél caballero soez y mal amigo que la ha apoyado mucho y fue el primero en dejarle una cicatriz física.

-Elto.

-Buenos días.- repite el rubio.

Y lo que sucede a continuación es un hecho sin precedentes: Blood se incorpora en cuerpo y alma y abraza a Eltosian. Éste corresponde y la aprieta no muy fuerte porque sabe lo que es tener heridas frescas en el cuerpo. Se quedan ahí en segundos de silencio que valen más que millones de palabras elocuentes. El mero susurro del viento y el escuchar la respiración ajena basta para dar a entender varios mensajes: te aprecio, me alegro que estés bien, gracias por todo, entre otras frases que cualquier persona normal diría.

Se sueltan y sonríen a la vez.

***

Es prisionero de su propio reino. ¡Qué ironía! Tantísimas veces luchó por el rey, por su gente y ahora mismo está bajo tierra en una cochina mazmorra. Privado de la luz del sol y de una cama cálida, encerrado como un animal. Y de hecho así está, merodeando por las cuatro paredes de su cárcel buscando algo flojo o alguna piedra falsa, porque las leyendas siempre han contado que en las celdas hay el modo de escapar. Y lo comprobó porque más de una vez leyó el reporte de fugitivos en la MISMA celda que está él. Cabe mencionar que estuvo atado con cadenas en las piernas y brazos; estuvo porque tiró tanto que terminó por arrancarlas de la pared. Y ahora tiene oxidadas y ornamentadas cadenas que le cuelgan de sus miembros. ¡A la moda, sí señor! ¡De un metro cada una!

También cabe mencionar que mi buen amigo lleva días ahí. Ha comido poco, no se ha rasurado y ya huele feo.

Todo comenzó porque se negó a callar. La verdad ante todo, les dijo tajantemente a sus superiores. Es que los del alto mando no querían divulgar la palabra de que hubo secuestros y experimentos y hechos atroces. Y peor aún, a su casi hermano Seyren. Y también le echaban en cara que él y todo el grupo sobrevivió, cuando en ocasiones anteriores legiones no volvieron. ¡Eso es muy sospechoso!

Suerte, lo llama él. La suerte del tonto.

Una vez por hora embiste los barrotes cuando no está durmiendo. Pero antes cede su hombro que su prisión. Se ha acomodado el hombro de vuelta al menos cinco veces en tres días. Ya le duele menos cada vez que se lo disloca. Está planeando usar patadas y luego embestidas para no lastimarse tanto porque su plan de la piedra floja ha fallado. ¿Cómo hicieron aquellos criminales antes de él? Seguro eran tan ruines y malditos que alguno selló la salida. Sí, sí, eso debe haber sido. ¿Si no cómo explicar que él no ha salido? Ah, claro, porque es tonto. O porque se niega a sobornar o a que le paguen fianza. Quiere salir por sus propios medios.

Las cadenas poco a poco le empiezan a gustar y ya sabe cómo usarlas de armas. No ha recibido visitas porque no las aceptaría. ¡Claro que no! Ni siquiera dejaría que su linda novia le viese así, tan miserable y roído. ¡El orgullo ante todo!

Y en una oscura noche, silenciosa y tan profunda como la boca de un lobo, alguien jala de las cadenas. Él levanta la cabeza, a medio dormir sentado en un rincón. Justo cuando empezaba a poder dormir, viene alguien a joderle. ¡Pero observa la nada misma! ¿O es que está tan negro todo? No, le vuelven a tirar de sus accesorios. Baja la mirada y encuentra dos relucientes ojos y una sonrisa pícara.

¡Sonata Arctica! Su amigo asesino cruz. El pobre lo único que recibe es otra vez los ronquidos del prisionero. Masaho se niega a recibir ayuda. ¡Terco hasta morir!

¡Tanta terquedad es molesta!

Durante varias noches el asesino renacido lo visita y le deja comida. Comida, palabra clave. La comida es algo que el caballero JAMÁS rechazaría. Podrás dejarlo sin sexo (no duraría mucho, como quiera), sin armas y sin amor. Pero nunca sin comida. Gracias a Sonata, Masaho retarda el proceso de convertirse en un lunático vengativo, sediento de sangre. ¿Y cómo entra el asesino, me dirás? A veces aparece por el techo, a veces por debajo del suelo y otras tantas veces por los barrotes como si estuviera paseando en su propia casa. Como la mejor de las sombras, indetectable y tan rápida que su sonido es el silencio.

Hasta que por fin Masaho recurre al plan más estúpido y tonto que se le pueda ocurrir: fingir enfermedad, lograr que el guardia entre, caerle a tortazos y robar la llave. Es tan lelo que duda que funcione. ¡Por Dios, todos en el reino tienen al menos dos dedos de frente!

Lo desecha cuando no tuvo éxito. Estuvo tirado por seis horas seguidas haciendo quejidos y súplicas, y el guardia no hizo más que burlarse. Ah, pero no todo fue tan malo. Justo cuando el guardia se reía en los barrotes, escupiendo y llorando de risa, Masaho se levantó tan ágil como un felino y lo agarró del cuello con la mano derecha; la izquierda hurgaba entre los bolsillos y el cinturón y dio con la llave. Apretó más la tráquea del indefenso humano, pareciendo él un demonio y por poco le da muerte. Lo dejó inconsciente solamente. Inconsciente y dentro de la celda, amarrado y en ropa interior, solamente.

Con el cabello desarreglado, sin rasurar, mal oliente y sucio, se asoma para poder salir sin ser visto de las mazmorras. Tiene que aprovechar el manto de la noche y el poder que posee Morfeo sobre los mortales. Se desplaza con el mayor de los silencios al haber sido despojado de su armadura. Normalmente tendría su cota de malla y túnica, pero los dejó para ventaja tácita. Anda con ropas de peón que consiguió de un amable guardia tumbado a golpes. Sí, asciende a dos su cuenta de guardias heridos.

Salir del castillo no es empresa fácil aunque ya está al aire libre y cerca de las torres de vigilancia y murallas. Pero que mejor que hacerlo actuando. Agarra polvo y se la esparce todo encima de si, vomita a propósito para oler aún peor y deambula a paso torpe cerca de los guardias de la salida. Así parece un borracho y los soldados rasos lo toman por eso. Lo sacan a patadas del terreno sagrado del rey. Y lo primero que hace es correr disparado lejos de ahí.

Prontera, oh, dulce Prontera. ¿Quién me diría que tienes dos caras?

¡Libre, libre! ¿A quién buscar? ¡A nadie, por supuesto! Luego los incrimina sin desearlo. Tendrá que valérselas por si solo… Aunque ese escape fue demasiado fácil. La paranoia hasta le dice que algo o alguien anda moviendo los hilos en la oscuridad. A veces desearía no ser tan paranoico. ¡Pero si le ha salvado la vida en muchísimas ocasiones! Cuando uno está paranoico, ve cosas donde no las hay.

Porque es una sinfonía agridulce esta vida.


Es de mañana. Los rayos del sol acarician a nuestro fugitivo y le recuerdan una vez más porque escapó y porque combate: porque es libre. Porque es un alma más en el mar. Vive sin dioses y sin reglas aparentes. Claro que tiene principios pero los mantiene por gusto, más no está atado a ellos. Así tiene más cimientos en que apoyarse y que rugir cuando todo se viene abajo. Porque es humano, porque es un caballero. Porque es libre.

Hasta ahora los soldados rasos, los caballeros y paladines no lo han buscado. No ha visto actividad ni carteles… ¿Será bueno? ¿O sólo confirma la sospecha de que algo anda mal?

Sólo quiero que sepas quien soy.

Se pone a pensar el muchacho. Se pone a pensar como nunca, casi podemos oler las neuronas quemadas. Incluso busca con la mirada alguien cercano mientras él está tirado a un lado de la fuente central. Sí, ahí hay demasiada gente pero todos le ignoran porque es un vago de la calle. ¡Mejor para él! Nadie le reconoce. Bueno, eso cree él: una damisela lo observa de lejos, curiosa.

¿Será él?

Mientras la chusma pasea alrededor del pobre hombre y oye gritos, voces, negocios y más cosas, se pregunta si alguna vez recuperará la vida que tubo.

-Perdóneme, buen mozo.- susurra una melodiosa voz.

A Masaho le baja la temperatura corporal por miedo, cree que lo han descubierto. Cuando uno se espanta, toda la sangre se va corriendo a las piernitas para que estás trabajen mejor y lo primero que se enfría son los brazos.

-¿Dígame, hermana?- responde con voz seca y fingiendo voz. El caballero (si así s ele puede llamar en estos momentos) está sentado en el suelo y no ha levantado la vista. Sólo mira la falda de la alta sacerdotisa que le habla. Es de un negro radiante con adornos rojos… Le es familiar pero prefiere seguir con la mirada gacha.

-¿Sería tan amable de acompañarme? Creo que tengo un lugar para usted en la Iglesia.

Ahí se la pusieron difícil a Masaho. Le ofrecen asilo directito de la mano de Dios. Pero, ¿y si es una trampa? ¡Habrá que tomar el riesgo! Así que se pone de pie, ella da media vuelta y camina. Él echa a andar detrás de ella.

-¿No confía en Dios, señor?

-Digamos que no del todo, hermana.

-¿Y eso por qué, noble caballero?

-Yo solía gobernar mi mundo hasta que todo se revolvió. No hay más culpa que la de Dios.

-¿Está seguro que todo está abajo, espadachín?

¿Cómo es que ella dice palabras tan acertadas? Él prefiere quedarse con la duda y caminar sin decir pío.

¡Claro! Él gobernaba el mundo y los mares se levantaban cuando decía la palabra. Ahora en las mañanas duerme solo y barre las calles que solía poseer. ¿Por qué pasó todo?

-Yo solía tirar los dados, hermana, sentía el miedo en los ojos de mi enemigo. Ahora escucha a la muchedumbre cantar: ¡Ahora el viejo rey está muerto! ¡Larga vida al rey!

Sí, todas esas noches y la falta de vigilancia lo han hecho pensar que el rey no está en sus cabales. O peor aún, que está muerto. No se ha sabido de él en semanas; nadie de los señores caballeros o paladines ha cruzado palabras con él. Incluso cuando se le dio la orden a Eltosian, ésta fue con el sello del concejo y no del rey. Algo tan delicado y peligroso, debería ser del rey. Sólo Tristán III es tan valiente como para tomar el asunto con sus propias manos. Él siempre fue franco, honesto y dedicado. ¡Por eso su gente lo ama! Por buen monarca.

Esos del concejo apestan. Pero no porque me caigan mal, sino porque son ancianos y decrépitos.

Y mientras la graciosa pareja -una alta sacerdotisa y un vago de la calle- se dirigen a la Iglesia, la capital sigue sus actividades. Su gente no para de reír, alegrarse, vender, cantar, bailar, timar y ser ellos mismos. Las piedras del suelo y de las paredes son sólidas, son vigilantes. Son pisadas por el maltrecho caballero y la linda dama.

Y el ruido poco a poco se oye más lejano. Y cuando deja de escucharse el bullicio de la hermosa capital, significa que ya han llegado al templo de Dios. Sí, aquél templo a donde deben ir todos cuando Dios está en todas partes, ¿no? Qué gracioso.

-Con confianza.- dice la sacerdotisa con una sonrisa. Masaho sigue sin mirar, temiendo que le reconozcan (pero lo que él no sabe es que lo reconoció desde mucho antes) y cruza la entrada con sus puertas abiertas de par en par.

¡Él parece fuera de lugar! Tan sucio y sin arreglar rodeado de burocracia, dinero e hipocresía. Pero aún así es bienvenido. Y mientras observa a su alrededor la señorita lo guía a un cuarto a un lado del altar, pasando de largo a varios servidores y una cruzada. Cruzan una segunda puerta. Ella detrás y le da vuelta con una llave, atorando la puerta.

-¡Lo sabía!- exclama Masaho. Sacude ambos brazos con fuerza y las cadenas que estaban amarradas alrededor de éstos como serpiente y debajo de la camisa de peón, resuenan fuertemente contra el piso. Ya tiene con qué defenderse de una manera más efectiva.

(Si me preguntas, fue porque no encontró las llaves de los grilletes; si le preguntas, te dirá que no quería andar desarmado por ahí).

La alta sacerdotisa sin temor alguno se acerca y le da un coscorrón con la mano derecha.

-¡No, no! ¡Lobo maleducado!

Al caballero se le cae la boca del asombro. ¡Ni más ni menos que Vendimia!

-¿Qué? ¿Pero cómo? ¿Dónde? ¡¿Qué?!- exclama el aturdido Masaho. ¿Cómo lo reconoció estando tan… mal?

-Te he visto peor, lobito.- responde ella sinceramente.

-Vaya, gracias.- suspira el caballero y baja sus brazos. Por fin se puede dar un respiro, ¿no? ¡Pues no es cierto! Lo que sigue es peor aún. Sí, la vida es cruel, mis amigos.

-Antes de que te relajes, necesitas arreglarte y alistarte. Tenemos armas, armaduras y todo. Hay una misión que la Iglesia tiene para ti. Sólo podemos confiar en ti y en otros pocos.

La hora siguiente Masaho se la pasa en una tina hecha de precioso marfil, propiedad del sacerdote Bamph. Sí, son unos malditos adinerados. Pero por ahora no es momento de criticarlos porque le están cuidando. Hasta un hombre se toma su tiempo aseándose después de haber pasado casi semanas sucio. Se talla una y otra vez hasta quedar reluciente y brillante. Disfruta de los jabones y aceites más caros, de esos que mira con asco cada vez que Angellore y él van de compras. Y también de toallas aromatizadas y un baño con azulejos que casi parecen piedras preciosas. ¡Dios santo! Qué vida se da el clero.

Y la hora siguiente se la pasa seleccionando escudo, espadas y armadura. La salita está detrás de un librero… Claro que el clero esconde más de un secreto. ¿O a poco crees que son unos santos?

Como escudo agarra uno reluciente y hecho de platino, bendito por la magia de algunos dioses. Es un escudo sencillo con detallitos en forma de ala en la parte superior. Estaba entre ese o el de las valquirias, pero como se conoce bien, el escudo lo va a usar de arma y es más pesado el de platino. Aunque por escudo pesado, hay mejores pero son de uso exclusivo de los cruzados.

Como espada primaria escoge una espada de una mano, roja, que tiene de compañera una espada azul. Agarra ambas porque son gemelas y cree que podrían sentirse solas. Son replicas exactas una de la otra excepto por el color: un pomo solido y ancho; de ahí se extiende la hoja hacia dos lados, alejándose y se vuelven a encontrar varios centímetros después, como dejando un ojo en la espada. De un extremo de ese ojo sale una garrita. De hecho parece ojo porque tiene una esferita de color azul (la espada roja; la espada azul tiene una esfera de color rojo) ahí dentro. Y por encima del ojo sale el resto de la hoja hacia arriba, terminando en otra garrita. Ambas espadas fueron blandidas por un poderoso demonio pero ahora están a manos de un caballero demente.

La otra espada que agarra la bendita Zweihander. Una enorme espada, indestructible y más imponente que la Claymore. Graciosamente, pesa más que la espada de Atroce y es más potente. Dicha espada no tiene tanto adorno y más funcional que estética. Lo único a destacar es que la hoja empieza ancha y termina en una afilada punta.

Lo que falta es una cómoda bufanda, unos zapatos que se usan para áreas húmedas y una armadura hecha de trozos de meteoro. A esto no le da tanta importancia Masaho porque cree que la mejor defensiva es la ofensiva. Y como va con armas pesadas, quiere ir con armadura ligera para poder salir adelante. Lo que sí cabe destacar es que están benditas por el poder de los más altos sacerdotes y sacerdotisas. Se rumorea también que la Papa alguna vez tocó esas prendas… Me dirás, ¿algo tan importante para un borracho falso? ¡Pues para que te des una idea de lo grave del asunto!

Ya armado, peinado, rasurado y limpio, se acerca a Vendimia y al padre Bamph.

-Muchacho, la Iglesia te necesita. La Iglesia y todo el reino.- le dice el sacerdote. Y prosigue con su monólogo:

-Perdona mi lenguaje coloquial pero no hemos de perder tiempo: No sabemos cómo, pero has descubierto que el rey ha muerto, o eso se presume. Lo último que se supo de él es que fue de viaje a una isla lejana, cerca de la ciudad de Veins en el continente de Arunafeltz; eso dicen los rumores porque la bitácora oficial era ir a Veins solamente. No voy a entrar en detalles porque es secreto del reino. Secretos que tú lograrás descubrir si encuentras al rey y resuelves el misterio que envuelve la isla de la que hemos recibido muchos reportes extraños. Hasta ahora, sólo podemos confiar en ti porque eres de los que se oponen al concejo del reino. Sí, la Iglesia está ahora en contra del gobierno… Porque algo muy extraño está pasando. Y hemos de velar por nuestros seguidores. Y si tenemos éxito, nosotros nos veremos cómo los salvadores.

Esto último el sacerdote lo hace con una gran sonrisa. Sonrisa que molesta al caballero.

-Si tienes éxito, ese será el tema principal de todo el reino y tu “pequeña traición” pasará a segundo plano. Como podrás ver, todos salimos ganando. Y si esto último no pasa y aún sigues siendo perseguido, la Iglesia implorará por ti y el reino no tendrá de otra más que perdonarte. Además, con todo este asunto acabado, el concejo será el villano y se formará uno nuevo. Porque éste no me gusta… son demasiado avaros y peligrosos. Casi parece que quieren causar guerra. ¡No los entiendo!

Y mientras el sacerdote sigue hablando y hablando, el caballero piensa mil cosas. Todas quedan inconclusas, excepto una: su novia le acompaña en la misión. Se encuentra a un lado de Vendimia. La sacerdotisa fue a platicarle a Angellore por todo lo que estaba pasando Masaho. Por el crimen que no cometió (porque realmente nunca traicionó al reino, sólo a la retorcida visión del concejo), por la nueva misión y por lo que falta de ella. La herrera no lo dudó un segundo y también la Iglesia le proporcionó de armas, ropaje y parte de su inventario. ¡Es que es su novio, por Dios! ¿Quién va a salvarle cuando esté a merced de lo desconocido? Por muy malo que suene, no confía en Vendimia. O finge no hacerlo… Porque si ella y Masaho son amigos, ¡es por algo! Bueno, el punto es que Angellore también va.

Y son tres.

-Todo esto, como ya lo dije, es necesario porque la isla es un antiguo monasterio. Ahí iban monjes, sacerdotes, campeones y altos sacerdotes. Pocos han vuelto; y aún menos están cuerdos. Hablan de horrores y de haber sido rodeado por legiones de muertos vivientes. Lo que me hace temer aún más por nuestro rey.

-Entonces, si descubro que pasa, el reino debería perdonarme.- habla el caballero.

-Ese es tu interés principal, muchacho, que por haber “traicionado” y encima escapado, te espera toda la vida en la cárcel.- responde el sacerdote. Y agrega con voz clara, como terminando un sermón: ¿Alguna duda, joven?

-Sí, ¿por qué está él aquí?

-¿Cómo que por qué? ¡Tú me mandaste llamar!

-¡Mentira! ¡Shu, shu, vete, perro malo!

-¡Maldito desgraciado!

Y Masaho y Eltosian se echan pestes y se reclaman sus peores pecados mientras Vendimia y Angellore se ríen quedito al tiempo que el sacerdote se lleva la mano a la cara avergonzado de sus compañeros humanos.

Y son cuatro.
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Alexander Dragonfang
Atros
*




Cobarde Sexista.

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« Respuesta #40 : 22 de Julio de 2009, 18:36 »

Notable... Me encanta tu relacion con elto, es tan lol xD!!

¿2 lk 1 ws y 1hp para nameless? ¿no sera muy poquitu o.o? ademas dos lks mancos... D:!!

Que va, ta toah nice... pronto subo la mia aca xD
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"El sacrificio de mis amigos ha dejado una marca en mi cuerpo y su voluntad una marca en mi corazon...
Del cielo a la Tierra, un cuerpo y un alma... ¡Una maquina que desafia a los dioses!"
Dominador
Ifrit
*




Fall in madness?

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« Respuesta #41 : 23 de Julio de 2009, 05:53 »

Una champion..... homunculo D:

Por el amor de..... pero que sucede ahi........ esto es.........

Siempre me han gustado estos relatos de gente modificada, pero............... mental charge..........sbr 44........ bio explosion!!!!

a pesar de yo odiar los hospitales, cada vez que me meten un relato de biocriaturas no creadas por dios, no puedo dejar de leer (es por eso que el creator es mi segundo job preferido).

Cielos, ya espero con ansias como seran los genetic.

Es muy buena historia, ahora viene el segundo gran desafio...... sera Beelzebub? podre por fin obtener mi staff of destruction? D:
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Dominador, esta vez voy en la lucha contra la corrupcion.
Fenryr
Ifrit
*


You gotta spend some time with me.

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« Respuesta #42 : 12 de Septiembre de 2012, 01:07 »



Un vaso de vidrio con muchos hielos. Normalmente tendría veneno dentro; veneno delicioso que alza la temperatura del cuerpo y se hace adictivo.

Alcohol. Delicioso alcohol que se derrama sobre su cuerpo y le lame la piel. Cada gota se desliza de forma lenta, pausada, dando un último recorrido por el cuerpo de la mujer.

Es su forma de limpiarse de tan horrible enfermedad, porque sí, es una enfermedad todo ese rollo del alcoholismo y la borrachera. Se limpia mordiendo los cubos de hielo y escupiéndolos de vuelta al vaso. Parecen cohetes de tan rápido que son disparados de vuelta a su prisión. Y ahí mismo en el profundo pozo son revueltos unos contra otros para volver a ser tragados y escupidos. Es la parte más larga del ritual.

El baño debería oler a perfume y jabón pero ahora apesta a alcohol. Alrededor de la blanca tina hay latas de cerveza; botellas de vino, ron, brandy, sake, tequila, licor, anís, vodka, whisky y demás cosas que ella solía tomar.

Tú recuerdo sigue aquí, como un aguacero.


Todos esos contenedores del preciado líquido que en más de una ocasión la hicieron olvidar todo. La hicieron mejor, peor. La hicieron una nube y la hicieron una enferma. Están todos esparcidos y de pie como acólitos adorando a su Dios.

Sé que te tengo que olvidar. Tu recuerdo me hace bien, me hace mal.

¡Sabe muy bien que lo va a extrañar! Tantas noches juntos y también tantas mañanas. Amor verdadero, graciosamente. Pero ya es hora de un alto y es por eso que hace todo este espectáculo de bañarse en sus antiguos brebajes. Cree que se va a curar si desperdicia todo a la vez y le da un hermoso último adiós.

Velas iluminan con tenue cariño la figura de la desnuda campeona sumergida en litros de veneno.

Desde el momento en que se conocieron supo que eran el uno para el otro. Desde muy joven le agarró gusto al sabor amargo, luego dulce, de la cerveza y sus similares. Miles de monedas gastadas para seguir el vicio, vicio que hoy termina: extiende su brazo derecho y toma la botella de tequila más cara que posee. Es una botella redonda con incrustaciones de oro, plata y platino.

Y de un rápido movimiento la revienta contra su cabeza destrozando por completo la enfermedad y el contenedor. No con la vida.

Ahora gotas de sangre se meten en la tina que está llena de alcohol.

***

-No tienen fin, eh.

-Aquí es cuando demuestras tu verdadero entrenamiento.

-¡A por ellos, que son pocos y cobardes!

***

Y todo lo que le quedan son sus preciadas cicatrices. Cicatrices de un bonito cuerpo: cabello azulado, liso con tonos violetas, largo hasta poco más de los hombros que por lo general usa en dos coletas sobre éstos mismos. Un cuello fino que lleva a dos fornidos hombros y éstos a su vez a largos y fuertes brazos que terminan en poderosas manos. Los pechos son de buen tamaño, no tanto como su mejor amiga pero tiene con qué defenderse; el vientre es plano y algo marcado con anchas y redondas caderas. Un tesoro escondido y piernas tonificadas, gruesas, potentes. Los pies son lo más delicado de ella, después de todo. Sus ojos son grises y sus cejas algo pobladas; la nariz es refinada y los labios carnosos, dueños de una hermosa sonrisa. Las orejas sin pendiente alguno y las mejillas con carne.

Una cicatriz en el hombro derecho.

Una cicatriz en el vientre.

Una nueva cicatriz en su frente.

Y ni una cicatriz más en su corazón, ya ha sanado todo.

***

Y el caballero ruge con toda su garganta para levantar la moral de su grupo, maldita sea. ¡Un buen líder nunca se deja mangonear! Eso de los rugidos los aprendió de su amiga Blood. Él, Masaho, ha aprendido mucho de ella. Y el rugido es tan potente que las hordas de muertos vivientes se paralizan un par de segundos para después volver al ataque.

Ahí, en medio de todo el mar de putrefacta carne y frágiles huesos, se alzan cuatro héroes que siguen superándose cada segundo a sí mismos: Masaho, Eltosian, Angellore y Vendimia. Ellos son el terror de los nigromantes y de las banshee; de los muertos vivientes y de los perros infernales.

Dime, ¿acaso mis amigos no están dementes?

El monasterio maldito es una enorme edificación de tres niveles y un amplio patio exterior. Antes era eso, un monasterio bastante cómodo con muchos cuartos y facilidades… pero poco a poco, el lugar se fue pudriendo.

Antes fue una isla lejos de la costa de Arunafeltz. Se dice que un hombre llegó ahí tratando de huir de su pasado y con ganas de empezar una vida nueva. Muchos otros conocieron ese lugar también y buscaban renacer también; es entonces que se hizo un lugar de oración y de adoración a Freya con el fin de pagar sus pecados pasados. Pero desgraciadamente, en una tormentosa noche, un hombre malvado encontró la isla tan silenciosa y pacífica… y también encontró su nuevo refugio; distribuyó la localización y cada vez más criminales corrían a la isla a refugiarse. Esclavizaron a los habitantes del monasterio y derramaron la sangre de ellos; dicha sangre fue la que empezó a esparcir un aura maligna alrededor de toda la isla. Una neblina hecha de sangre ahorcaba a la isla misma…

Y por años, se consideró el poblado desaparecido. Hasta hace poco, que la gente comenta que aparecieron de nuevo. Muchos cazadores de tesoros trataron de recuperar lo que alguna vez fue de los criminales. Muchos no se vieron más. Los que volvieron, en cambio, perdieron su sanidad y lógica.

Los malditos bandidos se convirtieron en idiotas que maldicen y hablan groserías.

La isla volvió del más allá.

Y es justamente a donde el grupo de héroes trata de llevarla de nuevo al eliminar a todos los feroces muertos vivientes que la habitan.

***

-Blood, ¿qué pasó con todo el alcohol?

-¿Por qué lo preguntas, Val?

-Porque desde que te recuperaste no he visto ni una lata o botella más.

-Pues, me he curado.

-Pero… no significa que yo no pueda tomar…

-¡Te has curado conmigo!

-¡¿Qué?

***

Cada uno de esos pútridos cuerpos tiene un corazón negro. Un corazón que si te concentras, logras verlo detrás de los huesos y la carne seca. Tienen tantos hoyos y miembros faltantes pero la ferocidad les sobra. Se lanzan como perros rabiosos a su comida, se lanzan como si no tuviesen algo por perder.

Ahógate conmigo.

Más, por ahora están todos inertes y en el frío suelo. Decenas de muertos vivientes hechos pedazos; parece la fosa común de los pueblos. Ésta ha sido la tercera oleada de ataque que el monasterio les manda a los cuatro aventureros.

Ayúdame a respirar.


Y de un segundo a otro la acción vuelve a comenzar: nuestros héroes danzan con esqueletos flacos, magos encapuchados y niñas gritonas, además de unos de perros huesudos.

El primer caballero gira sus brazos en todas direcciones con las espadas despedazando monstruos por igual, pareciendo un acelerado baile árabe o una demostración de artes marciales.

El segundo caballero atraviesa criaturas con su lanza y luego los arroja contra más criaturas, fingiendo que está jugando bolos y que está haciendo chuzas.

La herrera hace volar su carro que golpea a cada lacayo sin parar y el vehículo pasa de una cabeza abierta a otra como jugando damas y haciendo una cadena interminable.

La sacerdotisa quema a los impuros alzando sus manos y dándole la pinta de ser una directora de orquesta sinfónica porque con cada movimiento de sus manos la luz quema a los muertos.

Una puesta en escena bastante complicada y delicada a la vez: si alguno llegase a fallar todos irían en su auxilio y al descuidarse, se desmorona todo el espectáculo y a la tumba mis amigos por tontos. Sí, tontos por dejar de vigilar su propia espalda.

Húndete conmigo.

Fingir, fingir. Fingir para no morir y caer en la locura porque tanta putrefacción y demencia concentradas en un solo lugar podrían romper en dos al más cuerdo. La cantidad de muertos vivientes es obscena, realmente obscena; los pulmones de los vivos se llenan con el descompuesto aire y la ajada maldad. En más de una ocasión han querido vomitar por el estropeado ambiente. ¡Pero no es momento de dejar que el cuerpo domine! ¡La mente debe prevalecer!

***

Blood acaricia sus recuerdos con la mano derecha y sus deseos con la mano izquierda. En núcleo de la noche su corazón lame el oscuro firmamento.

Calla, calla. Ella rompió mi corazón pero le amo igual.

Su dedo índice y pulgar se frotan entre sí, sintiendo todos los callos, heridas, moretones y sangre que alguna vez tuvo a lo largo de su vida. Es gracioso como la vida puede hacernos recordar todo eso pero no donde carajos dejamos las llaves. La adrenalina de entrenar, de lastimarse, de golpear y de saborear la sangre de su rival la forjaron a ella.

Una dama con alas de fuego y puños de hierro. Una ángel, una demonio, una humana.

Ella.

***

Mil trozos en el suelo son recogidos con sumo cuidado, usando mucho tiempo. Cada pedacito lo levanta con sus dedos y las pulseras tintinean al compás de los arcos que dibujan sus muñecas. Sus ojos recorren el ensangrentado suelo que adorna el piso de madera del sucio templo, que a su vez decoran el cadáver de su amado. El alto sacerdote murió con los ojos cerrados y una sonrisa sincera; de esas sonrisas que dicen Estaré contigo por siempre.

Desde hace rato su pecho dejó de borbotear sangre. El de ambos. Él ya no respira y ella está muerta en vida. Todo por el estúpido clero que cree siempre tener la razón y que malinterpretan las palabras de Dios. ¿Es que acaso él no quiere que seamos felices? ¡Si a eso vinimos! Pero la estupidez humana es tal que no entendemos los mensajes de nuestro creador. Los fanáticos exageran.

La luna de vidrio refleja el adorado color carmín en el que se ahoga la gitana. Sus yemas roban la sangre de su hombre y la embarran sobre la propia piel. Cualquier ángel se horrorizaría al verla tan extraña: se adorna la carita con el elixir rojo como si fuesen pinturas para fiestas. Nanas suenan en su cabeza y voces también.

Se ha quebrado, ha enloquecido.

Como un coloso imbatible mantiene su sonrisa. ¿Qué será de ella ahora? ¿Seguirá teniendo hambre? No, seguro que no. Ya no soñará más. Preguntará y preguntará con la mirada pero la sonrisa de él ya no será igual. ¿Para qué tantas palabras? Y ella que se pasaba noche y día entre amores de mentira, entre besos de papel. Y ella que no creía en cuentos de hadas y en príncipes encantados, no se pudo defender.

Y eres tú, siempre tú, ángel de la madrugada.

Se arrastra sobre el mismo piso y gatea con gracia felina. Si él se va, ella no existe. Y como ya se fue, ella no existe. Antes de retirarse de la iglesia, vuelve a jugar con la sangre: los dedos trazan alas que comienzan sobre los hombros del cuerpo y se extienden a lo lejos para terminar a la altura del pecho. Un ritual. El funeral digno que nadie más le dará. Incluso sus antiguos compañeros le han dado la espalda al valorar más a Dios que a la lealtad misma.

Pero la venganza se cumplirá. Su corazón ya armado y parchado con odio y sed de poder, le ayudan a bombear su propia sangre, haciendo que viva de nuevo. Vivirá tiempo limitado pero vivirá. Todo sea por la justicia divina. Porque mariposas ya no siente en su estómago.

Sin miedo, sin más.

Amores prohibidos que vienen y van, que nunca se han ido, que no volverán, amores que matan.

Recuerdos la inundan y completan la transformación: el día que se conocieron, también cuando se entregaron por primera vez; la promesa eterna de estar juntos y los minutos de dolor si estaban lejos. Todo la eleva al cielo y la azota al suelo: están muertos los dos. Y la despedida que nunca llegó. Todo habría sido más fácil si les hubiesen permitido morir juntos, o al menos, despedirse. Con nostalgia la mente de aquella sonrisa que curaba todo baila en su cabecita.

Y varias horas después se encuentra cavando una tumba con sus propias manos detrás de la iglesia de Prontera. Sus uñas se maltratan y la suave piel de sus manos se raspa, se ensucia. El manto oscuro de la noche le da cobijo para que nadie pueda verla; la cubre con su velo negro para que sea ella sola la que tenga la cruel tarea de enterrar a la persona que ama. ¡Pero el destino no la quiere dejar en paz!

Oh, Dios, ayúdame.

Irónicamente la bailarina ruega por ayuda. Le guste o no, solita no puede. El cuerpo pesa y el dolor la arrastra hacia el infierno. Necesita la dulce mano de su dios.

Y con un humilde corazón y rodilla doblada, te ruego por ayuda.

Sintiéndose abandonada se arrastra en tierra, fango, mugre, corazones y piedras.

-Estúpida basura.- se oye una voz a lo lejos acompañada del sonido que se hace cuando arrastras una bolsa llena de desperdicios. Es de esas ocasiones en las que la autoridad te obliga a hacer cosas que le corresponde a ella. ¡Pero como son los que mandan se vale enojarse! Así que la joven Blood, mucho antes de siquiera conocer a Eltosian; mucho antes de mutilar su cuerpo con cicatrices y sustitutos, se encuentra sacando la basura. Basura que consta de desperdicios de comida –cosa que le enfurece mucho –, platos rotos y envases vacíos.

Ruidosamente tira la bolsa dentro del contenedor. Éste por la violencia sucumbe y rueda unos centímetros, haciendo que la joven monje estalle en rabia y que el humo escape por sus orejas. Vociferando malas palabras y cosas indecentes vuelve a acomodar la basura.

***

-¡Me llaman loco!

Y mientras Masaho canta y sus dos espadas trazan arcos en todas las posibles direcciones, logrando una tormenta de hojas, sus piernas se mueven con un gracioso ritmo. Da pequeños saltos y gira en el aire sin dejar de bailar. Hasta inclina su torso hacia adelante, hacia atrás.

-¡Te vas a lastimar si me besas!

Las sonrientes Katanas cortan en pedazos a cualquier pobre diablo que se le acerca, que en este caso son los zombis. Los brazos pútridos salen disparados al igual que las piernas, torsos y rostros. Incluso algunos dientes y ojos. El espadachín hasta se atreve a sacudir los hombros para seguir con su ridícula danza.

-¡Me llaman loco!

El ejército de muertos vivientes comienza a decrecer en número. ¡Han estado combatiendo por horas! La condición física del caballero es excelente. Es la mejor del equipo ya que él corre, baila y usa dos espadas cuando combate. Es natural que su cuerpo sea el que aguante más.

Sus compañeros lo contemplan con una sonrisa burlona. Y los enemigos le miran espantados. Digo, no cualquiera podría hacer semejante burrada y seguir vivo. Se ha dado el lujo –increíblemente- de acercarse a su amada y robarle besos mientras la carne seca se derrama en el suelo.

Parece una tempestad bailarina.

-¡Gracias, gente bonita!- ruge con ambas espadas apuntando al cielo. A sus pies, se encuentran los cuerpos mutilados de los que alguna vez vivieron.

Una ola de paz temporal.

Eltosian no puede creerlo. Vendimia se ríe cubriéndose la boquita. Angellore se tapa la cara, avergonzadísima de su novio.

***

Volviendo atrás en el tiempo nos encontramos a la gitana discutiendo con la jovencita.

Felicidades. Me encontraste. ¿Valió la pena? Lo único que has logrado romper hasta ahora… es mi corazón.

En un mundo donde cada quien se gana su pan y sus riquezas. En un mundo donde defender los valores y creencias se hace con armas y magias. En un mundo donde se es libre de viajar a donde uno quiera… En un mundo donde no se puede amar a cualquiera. En un mundo donde las espadas de fuego devastan almas enteras y los anillos valen más que la vida misma. Donde un amor prohibido es el chispazo que derrumbará el reino.

-Las mujeres fuertes debemos ayudarnos.- mantiene la joven monje con una pose desafiante.

-¿¡Y tú qué sabes, enana?- ruge la bailarina. Cabello rubio, más radiante que el oro. Tez cuidada con bálsamos y masajes. Un cuerpo digno de una diosa de la belleza: curvas divinas y músculos fuertes. Una silueta seductora que ahora mismo parece una mujer en ruinas. No se ha cambiado de ropas desde el incidente, llevando consigo las manchas de sangre y las lágrimas. Las largas mangas que comienzan más abajo del hombro son rosadas, igual que sus labios. El collar, las pulseras y su bikini son dorados, tal como su corazón. Las lentejuelas tapan puntos clave. Ahora, así es ella, si quitamos la mugre, la sangre seca y las lágrimas. Ignorando también la tierra y el maquillaje desgarrado. Además de los gritos histéricos y las amenazas de muertes, unas poquitas groserías y demás palabrotas.

Cualquiera la tomaría por una vaga o una loca. O ambas. Pero no ella, no Blood.

-Que eres fuerte.- sonríe pícaramente la aprendiza de campeón.

Los ojos verdes de la gitana brillan por un segundo. Aquella chiquilla demente, que apenas le ha hablado, la desarmó completamente. La mujer suspira y trata de relajarse, llenando sus pulmones de un aire sucio. Inhala, exhala. Inhala, exhala. Se concentra y su atención se fija en la muchachita.

La menor tiene el cabello azulado y sin peinado complicado. Su cara de niñata y esos ojotes la delatan como infante. Se nota que no ha vivido mucho y que se tiraría de cabeza con gusto por cualquier causa que considerase justa. Cuando viajas y maduras como La Vie en Rose, la rota bailarina, aprendes a leer a la gente de un solo vistazo.

-¿Qué deseas, mocosa?

-Ser tan fuerte como tú.

-¿Por qué?

-¡Para vivir y que nada me detenga!

-¿Con qué propósito?

-Uh…

Sí, aún es una pequeñuela, piensa la gitana.

***

-¡No toleraré suicidios!- grita Masaho con una radiante sonrisa. Él tiene orgullo y respeto por la vida; entiende la urgencia de la vida y ama a su futura esposa más que a la vida. Es por eso y por su honor, educación y demencia, que sostiene su Katana azulada con ambas manos con mucha fuerza. Ya que con ella mantiene a raya al obispo caído: Hibram. Aquél pobre desgraciado ha caído bajo la maldición del monasterio; se ha unido a las filas de muertos vivientes.

Hibram comparte ciertos rasgos con sus compañeros muertos: no duerme, no respira y no piensa. Y tiene varias diferencias, entre ellas la conservación de su piel y el que grita obscenidades y profanaciones.

¡Es que su Dios le ha abandonado! Seguramente tú estarías igual.

Hibram es una figura prominente: alto y de piel morada. Su carne no está putrefacta y mantiene la misma apariencia, no se ha deformado. Su cabello anaranjado mantiene el mismo peinado, de hecho. Sus ropajes tienen pocas rasgaduras; camisa blanca de manga corta, chaleco anaranjado y pantalones cafés. Está descalzo.

Y de su bendita espalda salen fantasmas. Uno grande, que es el más agresivo y notorio, y otros pequeños que son más pasivos. El primero ataca con sus dos brazos y sus vacíos ojos le sacarían el alma a cualquier simple mortal. Pero Masaho, que no es cualquier simple mortal, sonríe, respondiendo a la sonrisa cosida que tiene el ser etéreo.

El caballero desvía los ataques del cuerpo con su arma y Eltosian, que le apoya desde atrás, desvía los garrazos del incorpóreo con su lanza previamente bendecida. Están en una pequeña formación que les permite reaccionar más rápido ante cualquier ataque frontal. Mañas que uno adquiere en el ejército y las aventuras.

Después de mucho batallar y varios minutos infinitos, un último espadazo parte en dos al obispo. Este por fin descansa en paz y los aventureros caen rendidos. ¿Cuánta sangre seca más han de derramar? ¿Cuántas chispas de cordura más se deben perder?

El calor no se dispersa, amor.

Un largo pasillo los separa de su terrible y horroroso destino. Si alguno de ellos pudiera ver el futuro, haría todo lo posible para detenerlos. Y es que es mejor vivir en la ignorancia cuando la verdad es demasiado poderosa para manejarla. La verdad ahora mismo es casi imposible de digerir además de que es un mundo donde pocos son honestos.

Las celdas, los barrotes y las camas arrancan más de un aliento de vida. Más ellos no se detienen, tercos en saber qué demonios pasa.

Unas cadenas duras aprisionan a un cuerpo inerte de las muñecas y tobillos. El cetro que alguna vez significó poder y gloria está tirado a un lado. La barba no se ha ido y la elegante corona adorna su calva cabeza. Ropas roídas, podridas. Años de sonrisas y dedicación a su gente terminaron por meterlo en una sucia celda y morir de hambre. Cuando ser rey significó algo, él reinventó el significado. Se hizo un ejemplar, un modelo. No tenía nada que pedirle a la república y su gobierno distinto.

Sueños y esperanzas se esfuman. La luz fue quien vomitó esas ideas torpes. Nosotros los humanos somos inocentes.

El primero en perder fuerzas en las piernas es Eltosian. De sólo echar un ojo el aire le falta, la sangre se esconde hondo en su cuerpo y las armas pierden todo espíritu de combate. Ahí, a un metro de su debilitado cuerpo, se encuentra el cadáver de su rey. Daría todo lo posible para abrazar a su esposa Grahnye y que ella le confortase. Aunque sea un hombre legal, duro y rudo, algo tan cruel e inesperado sólo podría apaciguarlo el amor de su vida.

Sólo le piden a Dios que les despierte de la pesadilla pues arde el amor, la luz.

Maedhros es el incrédulo y se acerca a la pila de huesos y ropajes. Contempla por instantes y deduce que efectivamente es su antiguo rey: la corona, la capa, la sonrisa. Sí, a pesar de ser un esqueleto solamente, la tétrica sonrisa revela la naturaleza de su monarca. Angellore se arrodilla a lado de su amado y le pasa el brazo por encima de los hombros, actuando como un pilar para el caballero. Este último fue quien más contacto tuvo con el rey de los dos, quien más dedicó las cruzadas y demás formalidades de la espada. Aunque siempre fue un espadachín caótico, le tuvo bastante respeto y aprecio a su rey quien hacía todo por el bien de su reino.

Vendimia, al contrario de todos los demás, ya se había hecho a la idea. Sabía que encontrar al rey en un lugar tan inhóspito y salvaje era casi imposible. Obviamente muy dentro de sí tuvo la esperanza tonta de un milagro pero hay días en los que Dios no obra. Ella se persigna, dice una oración rápida y voltea hacia atrás. Los murmullos, gemidos y miembros arrastrados comienzan a sonar de nuevo. Lo más prudente es huir.

Una terrible sombra rodea a nuestros héroes.

***

Camina con paso elegante, cursi.

Su nombre aún le duele. Comprobó cientos de veces que él estaba muerto: su cuerpo se endureció, el corazón no latía más y por sobre todo, los labios se hicieron fríos y crueles. Ella no sabe como ha hecho pero al final está grabado su nombre tan grande, pasa el tiempo y sigue queriéndolo más. Sin él no sabe vivir, así que ciertamente no está viva.

En algunos momentos del día lo alucina ahí, frente a ella, como si nunca se hubiese ido. Lo aprieta por muchos segundos, lo huele… y el aroma se transforma en sangre. Sangre que la ahoga mientras el amado se ríe de forma endemoniada y alza sombras por todos lados. Siempre de prisa procede a ahorcarla con sus manos y acabar en tiempos que no van a volver. Tan solo y tan difícil. Sigue la disciplina de la rutina, decir sólo lo más bonito del mundo. Le miente cuando se le aparece y ella debe ponerle sal a la herida y algunas tachuelas al colchón.

Pero hoy… hoy, puede dar casi por consumada su venganza. Ha logrado que el consejo enloquezca a base de proyectos ambiciosos, sexo, drogas y lavados de cerebro. Todos decrépitos, gastados y débiles. Con dulces palabras, un potente perfume y un negro corazón los sedujo a todos y a cada uno de ellos.

¿Qué ha logrado? Tomar el lugar de Tristán III. Ha convencido al concejo de que ella es quien manda, que la ciencia es mentira, que Dios se equivoca. Al resto de la población les dicen que el rey está enfermo, que está muy debilitado y que él habla a través de ellos. Obviamente más de uno sospechó pero ni ganas de levantar la ira del concejo.

Su piso es el cielo que vence aunque luches contra ella. No sabe que existimos mientras esperamos un buen empujón del destino. Ella vive arriba en el cielo y escuchamos sus pasos con esa rutina del cisne. Así es como empiezan los chismes.

El demonio en casa.

Con su exquisita sonrisa delinea la vida y es una máquina del sexo.

El demonio en casa no quiere salir.

Midgard, siempre las mitades tan reales y tan falsas. Se necesita construir un puente para unir ambas partes y los primos puedan abrazarse como merece. Tan cerca y tan lejos con espejos que reflejan nada, la ideología no debería meterse en lo que no le importa. Con todo y sus verrugas es imposible no amarla.

Cuando manda el orgullo siempre reina la desgracia.

Sonrisas, gente, amor y desamor, música, luchas, esperanzas, tiempo y relojes, magia y disciplinas, guerras e impuestos, amor y desamor, puente.

***

Cuando esté cayendo, ¿me recogerás de nuevo?

En pocas horas ha experimentado y ya se adaptó a su cuerpo nuevo. Su poder disminuyó en un diez por ciento y su resistencia en un quince. La velocidad no fue del todo afectada. Aún se considera una campeona competente.

Ahora se siente flotando en el mar. Se mueve con la gracia de una gitana y fluye tan suave en la naturaleza como un cazador. Todo es lento y dulce. No hay pesadillas de propano.

Ya nadie la arrastra al infierno y nadie busca recibirla en el cielo. Ya no se siente perdida en un cielo de obsidiana. Puede bailar al aire libre y sin música. Sonríe sin motivo y está fascinada con su segunda oportunidad. ¿A cuántos se les concede una? Pocos, así que no va a desaprovechar.

Si el espíritu está dispuesto la carne es irrelevante.

Y con una sonrisa recibe a Valsione en su pequeño mundo perfecto.

-¿Se te ofrece algo, pequeña hormiga oprimida del mundo?- la campeona le dice.

-Traigo compras de la casa y además algo para ti.- responde la creadora, ignorando el dulce insulto.

-¿Eh? ¿Qué has traído?- cuestiona la seguidora del Dios loco.

Blood se quita ambos guantes y los echa encima del hombro. Ahora que debe tener más cuidado entrena con unos guanteletes.

El cielo las contempla afuera del hogar de ellas. El aire está exquisito y la temperatura no se atreve a subir mucho. Incluso parece que va a llover.

-Un arma para ti.- responde su amiga.

El glorioso artefacto brilla en todo su esplendor y se muestra ante los ojos de Blood. Parece incluso guiñarle mientras Valsione sonríe orgullosa de su adquisición. Promete ser una gran arma hasta que se descubran nuevos horizontes y entonces las líneas anteriores se expandan. Mil aventuras por venir, mil golpes por dar. ¡Casi puedo ver el futuro brillante del arma!

Pero la magia acaba con las ácidas palabras de la campeona.

-Es un sartén.

A decir verdad, sí parece. Es un disco con varios centímetros de espesor y un diámetro parecido al de una cabeza, además de un mango para sujetarse. En el centro posee un pequeño círculo rojo.

-¡Es un arma especializada y sofisticada para los de tu clase!- responde bravamente Valsione. Luego se cruza de brazos y frunce el ceño, aprieta los labios y pone cara de odio. Enseguida le voltea la cara a su mejor amiga.

Blood no sabe si reírse, seguirle el juego o qué. Así que opta por acercarse, abrazarla y tirar el sartén a un lado.

-Nunca necesité de un arma, recuerda. Aún de acólita fue a puños y patadas. La intención se agradece pero aunque no sea la misma, gracias a ti estoy viva.

La creadora afloja el cuerpo, suspira y responde al abrazo. Se siente tan bien cuando alguien querido te aprieta contra sí y se niega a soltarte por varios segundos. Como nos dijeron de niños, los abrazos son buenos.

***

Avanza a paso firme, dolido.

Le mintió a su nena cuando dijo que salía por aire.


Tumba las puertas del falso cielo con una patada y es observado con atónitos ojos. ¡Debería estar en la cárcel! Y luego la agria cara del muchacho los hace temblar: es como cuando un culpable conoce a su verdugo.

El caballero renacido de corazón caótico desenvaina su espada negra. Es una hoja cruda y utilizada para decapitar a criminales. Su crueldad se realza con el gran garfio que se forma en la punta superior del arma. Está diseñada para hacer daño. Y es la primera vez que la usará de buena gana.

Entre gritos de terror y súplicas uno a uno es desgarrado por la hoja maldita que porta el de buen corazón. La sangre salta por todo el cuarto bendito y se mancha de pecado. Los ancianos podridos poco pueden hacer para defenderse de un justiciero enloquecido. ¡Al diablo las leyes! Las cosas se resuelven a mano propia, piensa. No necesita de un dios para juzgar a los que obran mal ya que aquél que no castiga la maldad ordena que se haga.

Asesta su espada de dos manos sin fin, abriendo huesos, carne, órganos e incluso espíritus. Tan poderosos son los impactos que a los cuerpos sentados les corta por la mitad con todo y respaldo de la elegante silla. Y a los que intentan correr les arroja la espada a modo de daga. Una daga bastante grande y pesada que los tumba al contacto. Recupera el arma a tirones, desgarrando aún más la carne y provocando peores gritos.

El olor a muerte sucia se le impregna por primera vez a la piel. Tantas… almas que perdonó y que liberó con el ejemplo y una sonrisa, no valdrán como pasaporte al cielo al eliminar seis almas corruptas. Estas no las pudo salvar, no quiso.

Graciosamente el arma negra le pesa más con la sangre de los impuros.

Entonces la lanza que tantas veces combatió a lado de la espada oscura también gana peso adicional: es más difícil pelear contra nuestros amigos que contra nuestros enemigos.

Por el marco vacío entra otro justiciero sólo que uno legal. Él confía en el sistema y en la bondad, no en los extremos. Cuando no encontró a su compañero en varias horas de inmediato supo que algo andaba mal.

La poderosa matiz gris de la amistad los cubre y baila sobre ellos.

Eltosian da un paso al frente y contempla a su renegado amigo: alto de espíritu rebelde, corazón enorme que apenas le cabe en el pecho por una furia incontrolable. Ahí, parado en el centro de la nueva tumba del concejo y empapado de sangre inmunda. Ha cambiado tanto en unos pocos segundos que masacró a seres indefensos y corruptos. La mirada del caballero de espadas se ha ensombrecido.

El negro cuarto los abrasa con tristeza. Las llamas de la soledad comienzan a expandirse por cada milímetro del santuario roto. Ahí donde se tomaron demasiadas malas decisiones y se rompieron mil corazones, donde innumerables actos de maldad se realizaron.

Ya no es él.

Masaho sonríe con el corazón carmín.

Entregan lo mejor de sí. ¿Está alguien obteniendo lo mejor, lo mejor de ti?

¿Alguien ha tomado tu fe? Es real el dolor que sientes, tu confías, tú debes confesar. ¿Alguien ha tomado tu fe? La vida, el amor, debes morir para curarte. La esperanza empieza con el corazón roto, debes confiar y confesar.

Ahí va mi héroe.


-¿Estás consciente de lo que hiciste?

Eltosian mira fijamente los ojos de su amigo. Han perdido brillo. El pobre se ha manchado.

-Sí. Y lo volveré a hacer si se atreven a levantarse como muertitos.

La voz de Masaho es desafiante.

Ellos son un uno con cero a partir de hoy.

-¿Estás consciente de que voy a detenerte?- formula una pregunta nueva Eltosian.

-Estoy consciente de que lo intentarás.- responde su amigo.

Sin decir más (que ya dijeron bastante como quiera) se separan dos metros, como en los entrenamientos de espadachín y ponen su guardia alta: Masaho sostiene la espada con ambas manos y con la hoja apuntando hacia el frente, con el pomo enfrente de su cintura. Eltosian actúa de forma extraña ya que de su espalda desmonta un escudo de valquiria. Y no sólo uno, dos.

El caballero de espadas le contempla curioso. ¿Un estilo nuevo que aprendió de los cruzados? ¿O sólo se burla?

Despacio, como dos luchadores del ring, comienzan a rodearse y buscarse aperturas. Ahora mismo parece más un duelo de voluntades que una lucha casi a muerte. Sólo hay pasos en falso, fintas y sonrisas fugaces. Saben muy bien lo que hacen.

Eltosian debe tomar sus precauciones ya que cuando su compañero usa ambas manos es peligroso.

Masaho debe tomar sus precauciones ya que cuando su compañero usa la cabeza es peligroso.

En un sonoro choque se encuentra la espada con los escudos. De inmediato se repliegan unos pasos hacia atrás y vuelven a rodearse, soñando. Buscan un significado que entender. Han visto el horror y las maravillas con sus propios ojos.

Un aullido de lobo retumba en los oídos de un confundido Eltosian. ¿En qué momento aulló su amigo? Después poderosas mordidas en forma de estocadas y cortes transversales le llueven al humano ante un lobo feroz. La bestia ataca con todo lo que tiene a su alcance, incluso sus patas traseras y en segundos veloces las delanteras, soltando su mordida como ataque principal. Los pelos del animal se erizan y sus colmillos brillan en la infinita oscuridad que de forma repentina se traga a Eltosian. ¡Nunca había visto así a Masaho!

El lobo por excelencia es gran cazador en jaurías pero este en especial es excelente en combate solitario. Muchas veces se ha enfrentado a la vida misma a mordidas y derribos. Eso es un defecto en nuestro caballero: es muy independiente. En lugar de apoyarse en sus seres queridos para salir adelante, ayudarlos a ellos y demás romanticismos, él prefiere ser orgulloso y tragarse el mundo de una mordida, con la mandíbula rasgando el cielo y el infierno.

¡Hace falta más que una correa!

A duras penas y con pequeños milagros Eltosian desvía todas las feroces mordidas con sus dos escudos.

Masaho piensa que alguien quiere matarle. Se ha torcido tanto en pocas horas que su naturaleza desconfiada y orgullosa ha salido a flote. Cree que tratan de infectarle la sangre y la mente con esas tonterías de la ley y el respeto a la autoridad.

¿Qué emperador abominable lo domina? Él no gobierna más su alma, está completamente sumergido en la oscuridad mientras le da la espalda al sol.

Caballero blanco y santo grial.

Divide tus pulmones con sangre y trueno cuando veas al caballero blanco. Rompe tus músculos y destroza tu espada si deseas sobrevivir. Este corazón de madera es el que lo hace avanzar. Las hojas atraviesan el cielo y debes apuntar directamente arrugado corazón y mirarle directamente en el ojo.

Y cuando mueran, ¿irán al cielo?

Una sorpresiva patada abre los escudos: se alejan del pecho de Eltosian y se acercan a las paredes. Luego un arco es dibujado por la punta de la espada, un arco que raya superficialmente el peto de Eltosian; sólo raya porque logra arquear su espalda hacia atrás. A pesar de la pesada armadura le es posible flexionarse: sabe que cada milímetro cuenta en casos tan cruciales.

¡Es la evolución, nena!

Masaho incluso escucha a los ángeles gritarle que está en el mal camino. Siente las pesadas almas de los ancianos que recién asesinó: le jalan de los brazos, del cabello y de las piernas, como buscando venganza. El caballero se siente más pesado pero eso lo resuelve fácil aplicando más fuerza.

Entonces el plan comienza: Eltosian le da la espalda y se echa a correr por el pasillo de donde entró. Masaho lo persigue.

Este no es el fin y tampoco el principio.


En línea

Fenryr
Ifrit
*


You gotta spend some time with me.

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« Respuesta #43 : 12 de Septiembre de 2012, 01:18 »




Se hizo una costumbre hace ya bastantes días. Se puede perdonar pero nunca olvidar: con una dulce sonrisa contempla un vasito con tequila. Después le pasa el dedo índice de la mano derecha por la boca del vaso, delineando un bonito círculo.

Jálame más cerca al amor.

Canturrea en voz baja mientras le rodea el mundo: el bar que tantas veces la vio tomar y desmayarse, que en otras ocasiones le contempló romper records y partir caras. Ahora para el bar no es más que una antigua clienta que todos los viernes (antes de las guerras) pide un vaso distinto y nunca lo consume. Sólo lo contempla por un largo, largo rato: según era su amor por ese trago, son las horas que le contempla.

Un poco loca, sí.

Ya pasó la etapa del mal olor, cuando el cuerpo trabaja de más y se libera de toxinas no deseadas. Las pesadillas aún van y vienen, cada vez más controladas. Pero las ganas de asesinar no se van. Esas ganas aparecen por la combinación de las pesadillas y el cansancio. Y gracias al cielo los días de ponerse feliz pasaron. ¡Fue desastroso! Su cuerpo recibió demasiado oxígeno, buena comida y reacciones químicas completamente nuevas. Daba saltitos por todos lados y abrazaba a cuanto ser podía (no todos se dejaban). Esos cortos días de extrema felicidad y alegría fueron un momento de su vida que planea dejar atrás.

Pero la batalla no está ganada. Claro que no: falta evitar las tentaciones. Es por eso que cada semana enfrenta al recuerdo, le toma del cuello y le ahorca hasta dejarla inerte en la barra. Sus manos no retiran el cuello hasta que sus dedos se tornen blancos por falta de circulación: campeona sobria vale más que campeona ebria.

Segundos incontables los ha desperdiciado ahí, segundos bien utilizados. No todos miran al frente a sus miedos y tienen el valor de enfrentarles más de una vez.

Con una dulce tonada de respeto aleja el vasito usando el puño izquierdo. Ah, bendito puño.

Nadó entre mares de alcoholes y mezclas peligrosas pero eso terminó. Ahora vuela con los brazos bien abiertos y la sonrisa tan socarrona como siempre.

Eres más grande que yo.

***

El sentimiento de estar preso (otra vez) es espantoso. Aún le duelen todas las flechas que le llovieron encima mientras su leal amigo corría. Aunque ya sólo tiene cicatrices y recuerdos, cada punta de acero, fuego, hielo y viento le sigue doliendo. Son tatuajes nuevos.

La sencilla estrategia de su amigo fue que el cielo se cubriera aún más de flechas y entre todos esos proyectiles, inmovilizar a Masaho. Entre peso, heridas, dolor y elementos mezclados que le sobrecargaron los nervios, el caballero no pudo hacer mucho.

Mastica aire por millonésima vez y contempla el vacío. Ya ha recuperado el control de sus emociones y de su cuerpo. Ahora mismo se niega a recibir a Eltosian. La vergüenza es tal que se tapa el rostro y le da la espalda cuando éste le visita. O bueno, trata de. Los grilletes y cadenas le tienen bastante inmovilizado: los brazos le desvían al techo y las piernas al piso; más cruel que antes. Es posible dormir sentado pero no puede girar con total libertad y mucho menos ahorcar a quien le visita con las cortas cadenas. Cadenas ahora reforzadas y hechas de material enriquecido.

Extraña despertar por las mañanas y mirar a su amada desnuda en la cocina.

Todo de ti.


Se acomoda: se sienta en el suelo, apoya la cabeza hacia atrás; cruza los brazos sobre su pecho y las piernas extendidas a lo largo de la prisión.

Angellore no lo visita. Está muy enojada con él.

Bailando todo se arregla, pégate un poco más.

Pero otra mujer se acerca porque el destino así lo escribió. Lo mejor de su vida fue él alguna vez. Se inclina con su sensual cuerpo sobre el barbudo caballero quien no se ha percatado de la presencia ajena. Le pasa la mano derecha por la mejilla izquierda, tocando la barba que nunca antes había conocido. Él siempre se rasuraba cuando se amaban. Pasan los segundos y un tirón en los vellos faciales le hace abrir ambos ojos.

Lo siguiente que resuena en el calabozo es un desgarrador grito de dolor.

El caballero sólo siente la sangre correr por su ojo a terribles borbotones y resbalar por la mejilla. No comprende cómo o porqué, mucho menos quién. Lo único que alcanzó a distinguir fue una uña acercándose tan rápido que no pudo reaccionar.

Gime de dolor mientras se retuerce en el suelo. Trata de cubrirse con una mano pero algo le evita jalar las cadenas. Intenta con la otra mano y sucede lo mismo. Torpemente levanta la cabeza y con el ojo sano distingue dos piernas largas y con carne de buena calidad… y la silueta le es muy familiar.

El aroma de un exquisito perfume se estrella contra su nariz. El aroma es demasiado sobresaliente entre la mugre, la humedad y la putrefacción. Y entonces todo le llega de golpe.

-¡Rose!

¿Cuándo fue la última vez que viste las estrellas con los ojos cerrados?

Su rubio cabello está desatado y cae libremente como cascada por el cuello, hombros y espalda. Y como si fuese la peor humillación, desnuda. Su cuerpo sigue tan suculento y preciado como siempre. Algunas cicatrices se aprecian, cicatrices que él nunca antes había visto. El demonio en casa.

Masaho por fin puede taparse medio rostro con una mano. Atónecesito, incapaz de poder hablar más, mira a su antigua mujer. Todos los pecados ajenos le bailan encima al caído caballero, con besos en alquileres. Y se sorprende pensando en qué hace ahí. Y se sorprende luchando en su interior por decidir una conclusión sólida.

La aterradora escena se congela por varios segundos.

-Siempre me gustó más tu ojo izquierdo.

El dolor físico y emocional se mezcla: el ojo izquierdo es el que ahora mismo ha sido desfigurado, inutilizado. Le arde de una manera exagerada y si pudiera se arrancaba la cabeza para no sentir más. Y su respiración acelerada no ayuda mucho a controlar la situación.

Como si no fuera suficiente, ella le patea el rostro con su pie derecho. El caballero da al suelo y aprieta los dientes. No sabe qué hacer, no en este momento tan inesperado y sucio.

Se acuerda de todas las noches que pasó con ella, de todo el amor que le entregó y de los innumerables sacrificios que hizo en su nombre. Las interminables caricias a las preciosas piernas y caderas. Todas esas madrugadas íntimas con la luna. Los susurros, los besos, los bailes. Todo, absolutamente todo. Hasta el cercano matrimonio que terminó en nada.

Y como si no fuera suficiente otra vez, el corazón le arde tan fuerte que parece un dolor físico. Le ahoga todos los gritos y le roba las lágrimas. Las llamas lo abrazan y le arrancan arteria por arteria.

Así que comienza a respirar más despacio, tratando de agarrar a la situación por la cintura. Aunque tiene pintura de guerra encima debe evitar alimentar al dragón. La canción del destino le llega a los oídos al tiempo que su antigua amante le explica todo.

Como una terrible y adorada hechicera, sedujo a Tristán III. La ola de indiferencia se apoderó del concejo ya que les convenía. Entonces ella mandó al buen soberano a su muerte a la isla lejana de los muertos en vida. Luego le pagó al concejo con el cuerpo y les fue envenenando la mente poco a poco, y el organismo también. Todo para al final provocar caos en el reino y lograr que la república le ataque.

En breve, habrá acabado con Rune Midgard.

Lo mejor de mi vida eres tú.

-¿Ahora entiendes, querido mío, por qué debo evitar que salgas de aquí?

***

Clava sus colmillos primero y luego el resto de los dientes. Después arranca la carne del hueso y sigue masticando, cenando a las tres de la mañana debajo de una preciosa llovizna. La costilla está muy bien sazonada. Su mujer le ha enseñado a cocinar bien. Y hablando de ella, en circunstancias normales estaría dormido a su lado, protegiéndola en sueños de cualquier amenaza demasiado estúpida para acercarse; pero no, ahora no. Ha tenido problemas para dormir desde que entregó a su amigo a la ley. O a lo que se supone que es la ley.

En toda esta pasión se esconde su nombre. No sabe cómo ha hecho pero al final está grabado su nombre, tan grande.

Mientras se come la quinta costilla (su apetito también ha aumentado de forma considerable), contempla su bella Yuno. Es una ciudad que todo lo perdona, o eso parece. Ya no está seguro de muchas cosas. ¿Hizo lo correcto? ¿Estará bien su amigo? ¿Hay esperanza? ¿Es lo correcto?

Tantas son las preguntas que prefiere entretenerse con una sexta y última costilla.

El cielo nublado le sigue escupiendo agua muy fina y discreta. Le añade sabor a la comida.

La temperatura es bastante agradable y debe estar buscando donde está. Al menos ahora se hablan a solas. Será que está harto de tanto pensar. A uno termina por dolerle la cabeza si le da mil vueltas a lo mismo de forma infinita. Aún siendo un tema bonito y que conozca, al menos ahora siente que no sabe quién es.

Todo se le inculcó de niño: modales, cortesía, caballerosidad, conocimientos, la ley misma. Y por sobre todo, el honor.

¿Está dispuesto a arriesgar el honor por su amigo? Creo que sí. A fin de cuentas la realidad es subjetiva.

Arruga el papel de cocina donde trajo su comida. Camina unos pasos y lo tira en un bote de basura. Los pasos continúan apareciendo y poco a poco lo guían lejos de su casa. Cruza el elegante puente de piedra que da a la tierra, al mundo mortal. Arcos y figuras adornan esta obra.

Ciertamente me odiarás.

Camina, camina. Sus pisadas lo llevan por la meseta, por los campos, por viejos fuertes, a Aldebaran, por laberintos naturales y al final por los castillos tan amados. Muy poco empapado y con el manto de la noche abrazándolo, transformándolo.

Llega a la capital sin pena y sin gloria.

Contra el silencio entra a la prisión sin formalidades y sin forma. Sigue andando al mismo ritmo, como un imparable constructo de piedra mayor. Cruzando puertas grandes lo busca. Lo encuentra en lo más hondo de la mazmorra, con su cuerpo desecho y como laberinto eterno.

***

Después de tragarse el orgullo y recordando las infinitas espadas que él rompió, sólo para verla, se obligó a sí misma a buscarlo. Con su tonificada y sensual silueta, vestida con su uniforme, busca en el castillo en donde debería estar él. Siguió el mismo camino que el caballero de brillante armadura que cenó a unas horas de la medianoche.

Por ti daría la vida. Si confundo tu sonrisa por caramelo me miras.

Lo primero que nota, es un alboroto ruidoso y campanas sonando aquí y allá, y espadachines y cruzados corriendo de un lado a otro, buscando. Ella se sorprende pero no hace caso y sigue caminando, imitando el mismo paso que Eltosian.

Él es lo que más quiere ella. Su pensamiento más profundo.

En la celda que según ella debería estar (la más recóndita y escondida), no se encuentran más que pistas de su amado. Sangre en el suelo, grilletes rotos y un cerrojo forzado. El aroma de su hombre sigue presente, luchando contra el olor de la putrefacción y la basura. Ese fue siempre un defecto que nunca le agradó mucho: un aroma delicadamente pesado. Aunque ahora mismo ese pequeño defecto es una bendición. Sabe que está bien aunque el mundo pinte las cosas de otra forma. Digo, los muertos huelen más feo.

Tarareando y tronando los dedos al ritmo de la canción que los unió, camina hacia afuera. Tarde o temprano aparecerá. Eso de que no lo encontrara cuando lo buscó, es una señal divina de que tiene que esperar.

-¿Dónde estás? Te busco.

Canturrea mientras anda y corre de los monstruos salvajes que tratan de abrazarla.

Lo primero que nota al llegar a su hogar, es que el tapete está acomodado. Ella NUNCA lo acomoda. Siempre que sale, lo desacomoda a propósito, para que quien entre lo regrese a una posición correcta. Nadie suele fijarse en esos detalles.

Abre la puerta de madera y nada se ve en desorden: el espejo del pasillo de la entrada ahí sigue, la sala tiene todos sus cojines y la cocina a lo lejos no se ve destrozada. El cuarto de los dos no se ve porque la puerta está cerrada.

Desarmada.

Sale de su casa, corre el tapete y luego levanta una ancha puerta trampa. De ahí jala una enorme hacha de dos filos, uno más grande que el otro. Un diamante negro se encuentra en el ojo. La empuñadora es ergonómica y la uña tiene adornos. Es un hacha gigante y ridículamente pesada que requiere de gran fuerza para ser usada propiamente.

Armada.

La empuña y anda hacia adentro. Mira a todos lados, buscando al intruso. Nada. Todo está libre… excepto su nido de amor. Sus dedos aprietan más fuerte la empuñadura y rechina los dientes.

De una feroz patada tumba la puerta y grita como una temible bárbara, sedienta de sangre y dispuesta a descuartizar a cualquiera.

El arma cae de sus manos.

Reconoce a su amado, desnudo y recién bañado y con cicatrices nuevas, además de un ojo menos. Él no se puede contener y corre hacia ella para apretarla en un feroz abrazo, en un duelo de amor y a muerte. Lágrimas se desbordan por las mejillas de ambos y el corazón palpita con aún más amor, a punto de explotar de respeto, cariño y eternidad.

El sol los presentó y la luna los juntó.

Está entregando cada parte de su corazón. Cada canción que le ha cantado de sus labios y cualquier miedo que tenía su alma lo está dejando ir. Y cualquiera que pregunte él les hará saber: Ella es la correcta, lo dirá alto, ella es la correcta; lo dirá orgulloso.

Toca la campana, toca la campana.

Él le dirá al mundo que ha encontrado a la chica por la que puede vivir, la que él se merece. Para darle a todo su corazón un motivo para volar.

***

-Eres demasiado lento, debes alcanzarme.

Y baila sacudiendo los brazos, las caderas y moviendo el cuello mientras el torso anda por todos lados.

Quiere ir de fiesta, quiere ir de samba, quiere ir de fiesta, quiere ir de samba. Y vivir su vida e ir de fiesta y volar como un ave. Así que déjala volar como un cohete y entonces volar tan alto que deberá bajar por oxígeno, porque una vez que empieza, nunca termina. Eso porque bailar requiere menos condición física que entrenar y luchar.

Ella sólo quiere ir de fiesta, cantar y vivir su vida.

Se encuentra en Comodo y es el alma de la fiesta. Lleva bailando toda la noche bajo las luces y sin efecto alguno del alcohol. La gente alrededor se contagia de su rutina exagerada y animada. De un segundo a otro le dio por bailar. Y es que sabe que si no hubiese sido discípula de dios, habría sido discípula del pecado, está en sus caderas.

-Déjame llevarte a Comodo.

Canturrea a los turistas que pasan por ahí, invitándolos con una gran sonrisa a visitar el bar. Esta ciudad podrá ser considerada uno de sus hogares.

Es una terapia nueva que ella está inventando y saldrá a relucir en el futuro.

Ahora mismo Blood es una estrella en el bar cómodo y de buen ambiente.

***

¡Libérenme!

Grita, retorciéndose sobre sus ataduras mentales y sobre el suelo. Se arrastra con sus brazos rodeándole su torso, como si tuviera la peor comezón de la historia. No se encontraron restos de ella, sintiéndose caliente con cada sonrisa falsa. Aunque no se encontró evidencia alguna de que el rey cometió el crimen, ella lo sabe. Esa idea nunca se le fue completamente, trataba de esconderla pero el sonido impío le apartó los días y le apartó las noches. Además de que se la implantaron muy bien, muy hondo.

Oscuras fuerzas la jalan bajo tierra y el sentimiento nunca se fue. ¿Cómo puede sentirse tan vacía? No se recuperará con el tiempo, esa soledad la está matando. Gime, grita y gruñe, poseída. ¿Alguna vez conocerá la paz de nuevo? No lo cree, no podrá lograrlo. Lo tomará como otra señal, el terror la cruza, temiendo el momento en el que tenga que soñar y sentirlo morir de nuevo, a su amado. Lo pierde cada noche que le es posible dormir.

Vive en un asilo, una mentira. No sabe que sigue enamorada de él, que por eso sigue cometiendo pecados y desastres. No estaba lista para el asilo, para dejarlo ir y ahora mismo le está arrastrando a la tumba de él.

Imágenes de la muerte le rodean de nuevo, están detrás de ella y le van a encontrar. Juicio para el pecado inmortal que la ha envuelto completamente. Sabe desde hace rato que nunca más iba a toparse con una noche pacífica, adorada. Está temerosa aún de que ellos le escuchen, de que no le teman y de que le apliquen castigo por el crimen inmoral. Su cabeza truena una y otra vez como neuronas en orgasmo. En el final no habrá sufrimiento (más sufrimiento), en el final ellos se enterarán de todo (de nada), en el final tú cuestionarás tus creencias (qué creencias) y al final ella descubrirá como ella fue engañada. Esto ha ido demasiado largo: no más sueños demoniacos.

¡Destructor, ven hoy!

Rueda sobre las sábanas del difunto rey, sobre la cama real. Se enreda en las lujosas telas y después comienza a andar, como reina vestida y elegante. Balbucea cosas sin sentido y da órdenes al aire. Luego se despoja de su atuendo improvisado y gatea sobre los tapetes, buscando pedazos de corazón de su antiguo amor, el ejecutado por órdenes del rey. Encuentra un par, todos ilusorios, por supuesto. Los junta y los arma en un enorme y precioso corazón mental, cada día más grande. Y cada día su rutina es la misma, desde que se acuerda del incidente.

Mientras fantasea de día, de noche también lo hace. No se ha alimentado en varios días, a pesar de que sus enemigos se acercan cada vez más. No lo sabe ella ni lo saben sus enemigos, pero el destino nos tiene sorpresas y por eso lo podemos culpar, ya que no nos avisa. Todo es negativo, negro, cruel y huesudo en su futuro. De haber nacido en otro día, quizá nada de esto hubiera sucedido. De haber nacido con menos amor, quizá nada de esto hubiera sucedido. Todo es una prueba de Dios, o quien se supone que es dios en realidad. Habiendo tantas religiones en existencia, ¿a cuál creerle?

-Te liberaré.- dice una voz familiar, ronca. Su rubio cabello es lo primero que nota la gitana. Es ese oro opaco que vio antes. Un tono de piel bronceado, quemado. El sol, como él, es implacable. Un caballero que es experto en la lanza. Lleva su armadura típica, el uniforme de soldado y de justiciero.

Rose reacciona y comienza a arrastrarse hacia él, como polilla al fuego. Sin darse cuenta se cae de bruces de la cama y comienza a gatear otra vez, importándole poco lo mucho que le arde el mentón y las manos. El caballero la contempla y se arrodilla para recibirle con los brazos abiertos después de un largo trayecto. Ella se acomoda como puede, sobre la dura armadura y le rodea por la cintura con sus delgados brazos, apoyando la cabeza en el vientre ajeno. Eltosian le pasa la mano derecha por el rostro, con el metal y el cuero lastimando la exquisita piel. Ya no hay enemigos imaginarios y tampoco rutinas de combate, sólo ideas patrióticas y fanáticas. La bailarina gime tantito al sentir el duro, tosco tacto. En todo el tiempo en que él la estuvo manipulando, nunca pudo poseerle una caricia de verdad. La trata de forma cruel, haciéndola parecer un títere maltratado y con pintura rasgada, con astillas y cuerdas rotas.

-Lo único que te pedí es que causaras la guerra. Y no pudiste.- se queja Eltosian con un tono de voz desconocido para nosotros: áspero, grosero. Comienza a susurrarle insultos y Rose comienza a chillar.

Ella está ahí otra vez, a miles de millas de distancia de él como un desastre roto. Trató tanto, pensó que ella podría sola y por su cuenta pero se dio cuenta de que no. Ha perdido demasiado en el camino. Entonces Rose mira la cara de su amado, en el rostro de Eltosian. Sabe muy bien que es imposible que viva pero le sigue viendo ahí. Ella por fin es de él, nuevamente. Lágrimas se desbordan por sus mejillas y dan al suelo mientras sigue delirando a su amado en el ser que no es. Por fin todo tiene sentido y pensó que ella le había perdido antes. La bailarina vino a él en forma de piezas cuando él la llama por su nombre, para que él pueda hacerla completa. Vino desecha pero Eltosian le da un sentido a su identidad como piezas de rompecabezas en su mano.

El caballero repara en su error y comienza a arrullarla, balanceándose un poco mientras le hace ruidos con la boca. Las lágrimas ya no salen y las que están en el piso se evaporan.

Cuarto enorme y elegante, el cuarto real. Pinturas, muchas pinturas y adornos exagerados. Es por ese tipo de cosas que Eltosian comenzó a hacerla de titiritero con la mujer en pedazos. Demasiados lujos innecesarios que no tienen función real, sólo dan emociones.

-Si tan sólo pudiera hacer un trato con Dios.- se ríe Eltosian sin dejar de arrullar a Rose.

No le duele. ¿Quieres saber cómo se siente? No podrías. La mezcla de experiencias, enseñanzas y pensamiento necesitan ser demasiado precisas para saber qué siente. Podrás entenderlo pero nunca saber qué siente.

-Pero te liberaré.- le susurra al oído mientras la suelta. Ella al principio se resiste a abandonarlo pero la fuerza ajena es superior, así que no le queda más remedio que permitirle irse. Cierra los ojos ella y se desparrama sobre el suelo como vino desperdiciado.

Cuando recupera el conocimiento, no entiende.

-¡Justicia!

Grita una muchedumbre salvaje que le rodea. Ella se encuentra con grilletes en manos y pies, acostada en lo que parece ser madera. Alza un poco sus ojitos y es una plataforma de madera de unos dos por dos por tres metros con un mar de gente alrededor. Reconoce algunos edificios a ojo rápido y se encuentra en la capital, Prontera.

El cielo está muy azul y brillante. Eso significa que ha pasado al menos una noche, suponiendo lo más positivo.

Pero está viva y eso no va a cambiar ahora.

Se levanta de forma inmediata y contempla rutas de escape. ¡Tiene que sobrevivir! Al final el instinto de los fuertes es el mismo: prevalecer. Está tan concentrada buscando como eludir a todos que no se da cuenta de que sus manos están atadas con grilletes de pies y manos pero eso no le reduce el espíritu. Este brilla con más fuerza, haciéndonos saber que en realidad sólo tuvo un mal pasado, ella nunca fue mala del todo.

Pero sus preciosos esfuerzos son en vano: el piso se derriba debajo de ella y entonces su propio peso le traiciona: una soga está atada a su cuello, comenzando a asfixiarla. La soga está en forma vertical y se sostiene de arriba, una columna que no vio al principio.

Una horca.

Sacude los pies como puede, tratando de nadar hacia arriba. La gente grita más enardecida, culpándola de todos sus males: la pobreza, el hambre, la mala sociedad, problemas de amor y demás tonterías.

Comienza a asfixiarse por su propia lengua. No se produce un ahorcado azul ya que el nudo es lateral. La altura no fue la suficiente, así que no muere por shock medular. Luego una sensación de dolor de cabeza se apodera de ella, sus oídos zumban y su cerebro deja de analizar bien la situación. El cuello duele todavía más que la cabeza. Y tristemente no pierde el conocimiento. Sólo después de varios segundos comienzan las muecas producidas por contracciones de los músculos en la cara. Aún sigue tratando de sacudirse, de nadar.

Su último respiro es de perdón al mundo. No sirve de mucho morir con rabia, ahogado en ira.

Lo más especial es cómo cae un arete suyo al suelo. Es un arete de un sencillo diamante y que estaba en su oreja derecha. Besa el suelo con un clinc inaudible para el mundo pero no para Dios.

Como una panda de criaturas inferiores a los animales, vitorean su muerte. Una justicia inexistente por fin se realizó y ya están pagados los crímenes que ella cometió en contra de su reino.

A lo lejos, Eltosian contempla con una sonrisa y con la mano en la empuñadura de su arma. Ha quedado impune.

***

Al principio se niega a creerlo. Pero conforme corre hacia la plaza central donde encuentra una muchedumbre dispersándose después de varias horas, asimila que es verdad. Todos se marchan con una cara de satisfacción perversa, inútil.

Su armadura es nueva pero no la utiliza por celebración, la utiliza porque Angellore en secreto le hizo una armadura aún mejor que la anterior, para distraerse en sus días de ausencia. Es brillante, a diferencia de este día. Placas más delgadas pero muy bien dobladas de tal manera que imita la dureza de modelos anteriores y por lo mismo encarece costos, aunque permite mayor movimiento.

Un vendaje hecho con amor cubre su ojo perdido. Le da varias vueltas a la cabeza y le peina de una forma graciosa.

Segundos después, llega a la plaza central. Un terrible remolino de emociones le revuelve las entrañas y la lógica. Trata de vomitar y llorar a la vez pero logra contenerse apretando los dientes y los puños. Su único ojo comienza a batallar para mirar bien, así que lo cierra y se fuerza a sí mismo a respirar con más calma.

Dura un minuto así, donde es imposible calmarse. Intenta mantener su color. Le empapa la sensación, los demás colores que se le quieren pegar encima y arrojarlo a la pared. Ella le miró a los ojos tiempo atrás y vio lo que había debajo. Él trató de cuidarse en ese entonces pero no resultó. El círculo estaba completo y todos los veían. Sólo ella podía tocarle.

Anda hacia adelante con una voluntad inquebrantable y frágil.

Sus protegidas manos le toman los pies con sumo cuidado. El guantelete de metal no deja marcas en la piel seca, pálida. Esos pies probaron alguna vez miles de zapatos. Luego él con sus brazos trata de rodearla entera, como Dios manda en un abrazo, pero sólo logra tomarle de las piernas y ocultar su rostro en la corta falda. Aún cuando le lastimó de forma física y emocional, la amó como a nadie. Magia indescriptible, conexión real. Fue una relación muy peligrosa pero también un amor muy puro. Astillas, espinas y armas punzocortantes atacaban sus corazones de forma mutua y diaria. Aprendió muchísimos trucos en la cama, en la vida diaria y sobre las señales de un buen amor. Le debe mucho, quiera o no.

Masaho no derrama ni una lágrima.

¿Por qué, por qué?

***

El cuerpo dura colgado al menos seis horas.

Nuestro reino se está pudriendo desde adentro. Cuando había esperanzas de mejora, una corona de espinas les cayó a todos.

De forma particular, una figura pasea por ahí. Dejó Comodo porque estaba preocupada, curiosa. ¿Una ejecución pública? No es algo que suceda todos los días. Y si fue algo tan fuerte, seguramente no permitirán que los sacerdotes limpien el cuerpo y le den un entierro digno. Así que ahí es donde entra ella, a pasear y a aprovecharse de la situación. No será una gran servidora de Dios pero te aseguro que transmite su mensaje general: paz, perdón, amor. Siempre lo hizo, sólo que de forma distorsionada. Y luego cuando dejó la bebida y las guerras, miró con mayor facilidad el rostro de su creador. Pero no, no es una fanática religiosa. Sólo es una persona inteligente que comprende que existe un poder más allá de su comprensión y que para sobrevivir como humanidad hay que trabajar juntos.

Se acerca más rápido de lo que se acercó Masaho.

Y las memorias de ella también se revelan pero de una forma menos violenta, sólo triste. Es la gitana que alguna vez conoció y le ayudó a enterrar a su novio, quien era un sacerdote de Dios. Ella, quien nunca supo su nombre, fue la primera mujer fuerte que conoció. A lo largo de los años ha conocido a varias pero ninguna dejó una impresión tan sólida como ella: cubierta de tierra, uñas rotas y sudada para darle una sepultura digna a su amado. Y debajo de toda esa cubierta terrenal, una belleza extraordinaria.

La contempla por varios segundos, preguntándose millones de cosas.

De un salto certero aterriza sobre la plataforma de madera. Toma la cuerda con la mano derecha a una altura sin importancia y usando su palma libre como navaja, corta la soga por encima de la otra mano y el cuerpo no toca el suelo. Jala la cuerda hacia arriba, arrojando el cadáver de la gitana al aire para luego atraparla con ambos brazos. Como podrás notar, su fuerza no está ausente ni se ha perdido. La aprieta contra si sin importarle si la descubren o no. Después se marcha a paso rápido, desmintiendo su falta de preocupación.

¿Quién es inocente? Nadie lo es. ¿Acaso es relevante al mundo hoy? Ella sacude su cabeza en desaprobación mientras el asesino camina, liberado por hombres malvados en su farsa oscura. ¡Esto no puede estar pasando! El orgullo egoísta de un caballero, el homicidio de una criatura, ¿pueden culpar a esta última? Los buitres dando vueltas, acechando. La crueldad de un caballero asesinó a una familia, ¿el mundo está loco? Los defensores listos para abrazar las mentiras de sus sinuosas sonrisas.

¡Le debes al mundo una disculpa!

Tu corrupción es como un cáncer creciendo adentro. Te han enseñado que la verdad es fácil de esconder pero enfrentarás tu juicio otro día y sufrirás eternamente.

Un par de cuartos de horas después, Blood está detrás del templo de Dios donde conoció a la gitana. Entró sin que le vieran sus compañeros de fe y tomó prestada una pala del cuarto de herramientas. Grave error porque le faltó tomar el pico para suavizar primero la tierra. Se da cuenta de esto muy tarde y comienza a luchar contra la tierra, rodeada de tumbas y cansancio.

Pasan muchos minutos y cuando por fin logra cavar un hoyo lo suficientemente grande para depositar a la dama y permitir que descanse de forma eterna y agradecida, la muchacha viva nota que le falta un arete.

A puro ojo trata de percibir el objeto perdido pero sólo la mira a ella con una manta debajo, postrada y tranquila. Parece que estuviera dormida, esperando la siguiente función para actuar en el circo. Hasta le entrelazó los dedos sobre el vientre para hacerle la espera más dulce.

La noche le contempla y le contempla, curiosa. ¿Cuál será el siguiente movimiento de nuestra heroína?

Delibera por varios minutos y suspira, rendida. Tendrá que regresar al lugar de la ejecución para encontrar la pieza, asumiendo que efectivamente se encuentra ahí.

A veces siente que nunca tendrá una pareja. La Vie en Rose, que murió por su amado y esta por ella, al parecer, le hace pensar eso.

A veces siente que ella es su única amiga. Aún cuando convive a diario con su adorada Valsione y otros vecinos, no se siente del todo bien. Parece que vive en una ciudad de ángeles. Al final nadie la comprende por completo. La entienden pero no la comprenden. Ella siente que entender es saber porqué hace eso y que comprender es sentir lo mismo.

***

¡Ahí debería estar!

¡Pero no está!

Su calmado rostro está endurecido, arrugado.

¿Quién se atrevería a robarle el cuerpo que le pertenece? Cuerpo que poseyó y amoldó más de una vez. No logró convencerla de olvidar a su viejo amor pero logró manipularla para sus planes: ¡El bien común! Sí, como un tablero de ajedrez. A veces para poder alcanzar a la victoria se requieren sacrificar piezas.

El bien común: purgar el reino de la mala hierba y la suciedad. Limpiar por completo los pecados y empezar desde cero. Él cree en el orden cívico y es mal visto como un villano por nosotros. No debemos verlo así. Él sólo quiere mantener el orden y el control a todo costo. Aunque es mucho más fácil dominar el mundo explotando una debilidad en el sistema o romper el actual y empezar uno nuevo. Es gobernar con puño de hierro. ¡Adora al puño de hierro! Lo que en realidad hizo nuestro héroe fue obtener buena publicidad jugando por las reglas establecidas para luego desatar sus mal comprendidos planes. Su forma de ser es MUY peligrosa: representa una forma intencional y metódica, y frecuentemente exitosa de maldad.

Mantiene su conducta, su propio código siempre. Nunca lo rompe. Incluso ahora, que mira de frente a Blood, a su mejor amiga.

Eltosian se fue unas muchas horas para despejar su mente y planear el siguiente paso de su gran golpe. Cuando regresó a contemplar su bella obra de arte, la colgada, esta desapareció. Preguntó en los alrededores pero nadie vio nada. De un segundo a otro se había esfumado.

Ambos en la plaza, mirándose fijamente, esperando a que el otro hable. Están a una docena de metros del sitio de ejecución, así que no se levantan sospechas de inmediato. Sólo actúan con cautela, esperando a los movimientos del otro. Encontrar a alguien en un lugar tan curioso causa paranoia.

¿Cuándo llegó ahí su amiga?

-¿Por qué el enojo?

Suelta la campeona, curiosa. Ladea su cabeza un poco, imitando a un gato que no entiende lo que sucede. Nunca lo había visto así. Quizá serio o preparado, pero nunca tan enojado.

-Oh, nada. Estrés. Ya sabes, cosas de la vida diaria.

Responde de una forma seca y evasiva Eltosian. Su tono es nuevo. Algo que no le ha dicho se nota de forma simple.

-Ven acá.- se ríe Blood y le rodea con sus brazos sin pensarlo. Ha abrazado a Eltosian en ocasiones anteriores pero muy contadas. Ella sólo tiene cuidado de mantener su mano derecha en puño. La izquierda sí se amolda a los hombros del caballero. Suspira y luego respira. Y cuando respira, el mundo que construyó con él se destruye. Un aroma curioso, conocido, le entra en la memoria. Es el perfume de la gitana, de La Vie en Rose. Es un olor dulce con especias y productos naturales. ¿Qué significa eso?

Antes de que Eltosian pueda responderle al gentil abrazo, ella lo suelta y lo empuja. Eltosian retrocede unos pasos, notando que efectivamente la fuerza de su amiga no es la de antes. Luego le pregunta en voz alta:

-¿Qué sucede?

Ella sin pensarlo abre su mano derecha. Los dedos medio y pulgar detienen algo.

Los ojos de su aún amigo se dilatan. Entre todas las personas que pudieron haber encontrado ese mísero objeto, ¿por qué ella? ¿Por qué ella, Dios? ¿Acaso ella es la única que le conocerá mejor que su esposa? No, no tiene sentido. ¡No ella! ¡No una guerrera loca y ex alcohólica! Es entonces que Eltosian comienza a asimilar que todos estos pocos años de amistad y amor fueron en vano. Que todos sus planes, éxitos y riesgos se tiraron por la borda. Ya no hay vuelta atrás, ya no hay forma de perdón. ¡Todo acaba ahora!

Blood, entre sus dedos protege un arete de diamante. Arete que pertenece a la misma dueña del perfume. Ella se pregunta qué hizo Eltosian. ¿La entregó, la mandó ejecutar, sólo la capturó? Algo no le está diciendo, y por cómo arruga su rostro el caballero, es algo muy serio.

La temperatura se eleva. Los ánimos se encienden y los corajes son enormes hogueras que besan a Dios. Pero todo se interrumpe cuando Blood adopta una pose desafiante: mano izquierda en la cadera, espalda hacia atrás y con la mano derecha en pulgar que señala al suelo.

-Aquí no.

-¿Dónde?

Y prendiendo fuego en cada madrugada.

Salta, ríe, baila.

Ambos marchan, imponentes, hacia una guerra que ellos mismos crearon. Dan pasos pesados y lentos, moldeando el suelo a sus gustos. Si no los conocieras dirías que van a dominar la torre de Thanatos o el volcán de Thor. Con sólo mirarle a los ojos entenderías que son más que humanos, son dioses de la guerra y de la victoria. Más de mil se pensarían estorbarles en su caminata.

Las respiraciones tranquilas y pausadas, agarrando ritmo de la batalla que está por venir. Corazón de mitral, ojos de fuego y nervios de acero.

La sed de sangre no es muy obvia que digamos. Se contienen sólo unos minutos, casi horas, en lo que consiguen una arena adecuada para sus necesidades. Hay un vacío y se piden perdón sin gritos. Y si pudieran pedir un deseo, desearían que no fuesen así.

Por los viejos tiempos han regresado a un castillo de Aldebaran. Se encuentra al noreste del jardín de piedra. Su amplia entrada dirige a unos escalones sin propósito alguno más que el de presumir la bandera del dueño del castillo. Después un corredor largo y especial como serpiente con tres escaleras dirigen a una puerta con engranes y un elegante reloj encima del arco. La siguiente habitación lleva a una amplia sala de estar con lechos a la derecha y una fuente seca a la izquierda. El camino hacia arriba se divide en dos escaleras diferentes para luego unirse en el mismo sendero. Un trono a la izquierda y una puerta en la pared siguiente.

Un cubo con el portal a la siguiente habitación se nota después de varios metros. El cubo se eleva del suelo más de cinco metros de altura. Al oeste, norte y este del cubo se encuentran los portales que podrían llevarte a la cima del cubo o no.

Para ahorrarse molestias y para presumir, la campeona dobla sus piernas y extiende los brazos hacia adelante. Luego echa a correr en dirección al cubo cuando se encuentra a tres metros de distancia. Con el pie izquierdo crea su propia gravedad y con el pie derecho desplaza esa misma gravedad hacia adelante: camina en la pared. Varias zancadas después termina encima del sol tallado con horas y amores derramados. Muchísimos segundos de su vida desperdició aquí, esperando la orden impaciente para entrar y armar caos en el gremio enemigo. A veces entraba sola y sin control para sólo burlar las defensas con saltos y provocaciones vulgares. Eso le otorgaba a su gremio impresionantes entradas. Pero claro, no todos caían. Había gente que lograba mantener su temple, gente como su mejor amigo. Él esperaba el momento justo para ordenar que la abatieran: en el aire. Estando en el aire es imposible esquivar ataques. Los más comunes eran las flechas duplicadas. Estas siempre se clavaron sobre el torso de la campeona y su espalda. Ella en el aire, giraba para proteger sus brazos y piernas. Prefería perder el corazón o sus pechos que sus armas.

De tanto caer al suelo sin gracia y bañada en flechas, poco a poco aprendió a atrapar las flechas con sus manos y a rechazarlas con sus piernas. Fue entonces que Eltosian ordenó a sus hombres a que la atacaran con lanzas y jabalinas. Estas aprendió a regresarlas con feroces coz. Fue entonces que se vieron OBLIGADOS a atacarla con magia para que no les cayera encima como perro rabioso destrozando un campo de girasoles.

La magia, la complicada magia. A esta nunca aprendió como burlarle. Tan volátil, poderosa y dependiente. Siempre eran necesarios los malditos profesores y sabios. Nunca le han simpatizado del todo. ¿Qué clase de persona no usa su propio cuerpo para vencer? ¿Qué es eso de callar a las leyes de la física? Ella, por el contrario, desobedece a las leyes una por una. Vuela cuando debería.

Estaba absorta en sus pensamientos vacíos cuando el rubio por fin entra y aparece frente a ella. Su mirada se ha suavizado, como reconociendo su destino. Si va a luchar por lo que cree, que sea en sus plenas facultades.

Imponente, guapo y bien preparado para todo: dejó el corazón atrás y carga su fiel lanza en la mano izquierda. Ella no está preparada del todo pero no lo necesita.

El caballero renacido hace un ademan con la mano derecha para que ella entre primero, porque vamos, es una dama al fin y al cabo. La campeona, lejos de ofenderse como le es costumbre (golpeo demasiados hombres que querían ser corteses con ella) acepta.

Todos saben cuándo deben asustarse.

-Moriré enojada si te atreves a subestimarme.

Brama sin darle la cara.

-Como gustes. No será bonito.

-Y tú no vas a disfrutarlo.

***

Él dejó caer su corazón y mientras ella se acercaba para reclamarlo, Masaho estaba en la oscuridad y exterminado. Hasta que ella le besó los labios y le salvó. Sus manos siempre han sido fuertes, las rodillas no. Él aprendió a pararse en os brazos de su amada sin desfallecer en ambos extremos inferiores.

Pero hubo un lado que Angellore nunca le conoció a su amado. Todas las cosas que la otra dijo nunca, nunca fueron verdad. Los juegos que jugaron Masaho y La Vie en Rose siempre ganó la fémina. Pero él enciende fuego a la lluvia. Lo pudo apreciar mientras le tocaba el rostro a su amada herrera. Bueno, en realidad quemaba mientras lloraba porque la escuchó gritando su nombre. Cuando se encuentra a lado se su futura esposa puede quedarse ahí para siempre, cerrar sus ojos y ellos dos juntos eternamente, nada es mejor.

A veces cuando ella se despierta cerca de la puerta y lo escucha gemir su nombre en sueños, sabe que él la está esperando.

Se aburre de contemplarlo y le salta encima con un brinquito. Su novio se sobresalta y abre sus ojos, recién despertado. La cama tiembla y las sábanas se arrugan con el peso de los dos. Masaho desnudo mastica el aire y luego la busca torpemente con sus brazos para rodearle y apretarle contra sí. Batalla unos segundos para dar con ella. Entonces sus dedos le perfilan la moldeada espalda a su bella amada y delinea los músculos como pintándolos.

-Buenos días.

-Buenas.

-¿Qué me harás de desayunar, chiflado?

-Uh…

***

El cielo se quema literalmente para ellos dos. Todo lo que han creado, cuidado y construido no es nada ya. La confianza, el amor y el respeto. En estos momentos se entregan un coraje intenso y una rabia más que exagerada. Vamos, yo estaría igual, ¿tú no? Esa hermosa máscara que tenía tu mejor amigo por fin se revela como tal. Debajo de su piel sólo hay sombras, caos y mentiras. Esto aplica para ambos: Eltosian se presentaba como un ángel del señor, alguien respetable y amable. Blood se presentaba como una demente demonio, sedienta de sangre y desorden.

Cada uno posee la fuerza de mil hombres.

A cada impacto y pedacito de amor que se arrebatan todo el cuarto retumba. Truena, truena. Ambos mantienen su línea de fuego como si fueran superados cuarenta a uno. El cielo nuevamente arde, poseído de sus indomables almas.

La pierna derecha de Blood la mantiene firme. La lanza de Eltosian le ayuda a erguirse. Sangre a mares se mezcla con la bella agua que adorna el cuarto del emperio. Ésta adquiere un tono rojizo que es reflejado la cerrada edificación. La luz natural del castillo les ilumina perfectamente.

Sus alientos son eternos.

A través de estas semanas la campeona ha aprendido a manipular sus puñetazos para abrir cortes o perforaciones en la carne desprotegida. Endurece su palma o junta sus dedos y es entonces que deja de ser un puño y parece más un estoque o una espada larga. Le ha retirado ya varios pedazos de armadura al caballero con éste método tan particular.

Ahora es el turno de él: baila arrastrando pasos, empujando el agua. Forma un templo de oscuridad con su postura tan cerrada. No hay ninguna abertura. Los espacios del cuerpo son nulos y la lanza se encuentra en su mano derecha, con el resto de su ser inclinado un tanto hacia la izquierda. Cualquier ataque que se le realice será obligatoriamente hacia la izquierda. Tiene tiempo y velocidad para cubrir lo que le avientes.

El portal le saluda a Eltosian a dos metros de distancia. Y saluda a Blood a cinco metros de distancia.

Piezas de metal forjado y bellamente trabajado se esparcen por toda la habitación. Las cadenas que protegen el emperio están incompletas y esos pequeños pilares también. El piso presume de quebraduras y fracturas. La lucha ha sido tan bárbara e inhumana que incluso se aprecian ropas de mujer por ahí perdidas en el agua. A veces uno se pregunta quién resiste más: ella o él, porque él necesita armadura y ella sólo necesita voluntad.

El ángel entonces extiende sus alas. La demonio relame sus colmillos.

A veces he pensado como sería yo de rubia.

Seguramente has sentido cuando alguien manipula tus decisiones, tus sentimientos. Como si una fuerza externa te arrebatara pequeñas gotas de voluntad para luego envenenarlas y devolverlas a ti. Un vacío impresionante se apodera de ti. Impresionante, muy impresionante. Sólo queda seguir apretando los dientes y tensar aún más los músculos. Al final del día, si sobrevives y vuelves a tu cama, habrás aprendido algo. Que la vida no es justa, ¿verdad?

La cota de mallas que protege al rubio ha sido rajada en más de una ubicación de forma inteligente.

Entonces sucede algo que sorprenderá a las nuevas generaciones (bueno, en realidad no ya que esas nuevas generaciones ya están con nosotros, pero en su tiempo, se hicieron la base): Eltosian empuña su Brocca con ambas manos y la extiende en contra de Blood. Logra prendarla por debajo de su hombro izquierdo y jala contra sí, como un feroz titán de las profundidades en busca de venganza. Es como una estocada fantasma. Los dos cuerpos chocan en el aire y es obvio quién sufre más al no poseer armadura.

Blood aprieta los dientes y sus movimientos se congelan. Los nervios comienzan a fallarle.

Para obtener aún mayor poder, debe dejar a un lado su humanidad y convertirse en espectro. Ese será su nuevo principio; para hacerle un artista marcial de talla superior, uno debe olvidar su debilidad, la debilidad se tener clemencia contra sus enemigos. Ahora hará un camino solitario para incrementar su poder y olvidar su humanidad, es entonces que se hará un arma de guerra: implacable, despiadada, cruel.

Aprieta sus puños y sus músculos, fibra por fibra. Invoca ahora no un fragmento de su alma ni cinco. Sino quince. Por si fuera poco entra en el mismo estado de furia y además se hace daño a sí misma cada segundo, quemando su bello cuerpo.

Eltosian no da crédito a lo que ve. ¿Quince? Ahora tenerla tan cerca no parece buena idea: la golpea con su lanza una vez más y la azota contra la pared contraria a la entrada del cuarto. Pero nuestra querida no se inmuta ahí, apoyada en el muro. Este incremento de poder durará poco más de minuto y medio.

Como un dragón que sale de lo más profundo de la tierra hacia el cielo para burlarse de éste último.

La sorpresa de Eltosian es evidente. ¿Cuándo adquirió tanto poder? ¿En qué momento decidió ignorar a Dios? ¿Es ella la nueva avatar de la destrucción? ¡Pero basta de tonterías! Estamos aquí por los dos, no sólo por Blood. Eltosian tiene seguidores también.

El caballero, que está cerca de trascender una vez más, contempla a la cornuda frente a sí. Da unos ligeros pasos hacia adelante, moviendo el agua rojiza y creando ondas divertidas. Es una suerte que no haya dientes flotando. El metal de sus botas rechaza el cariño ensangrentado. El agua le estorba en sus maniobras, le distrae con el ruido y el aroma se está tornando desagradable.

¿Cuándo habrá acción? Justo ahora.

Sus sutiles pasos ahora son feroces zancadas que lo acercan a su contrincante en una poderosa carga, digna de una justa de los más nobles caballeros del reino. Pisotea el suelo con rabia y se prepara para la gloria. A unos segundos de colisionar con una estática campeona, ésta libera un rugido más potente que todos los anteriores que les he compartido. Es un grito de guerra, un aullido de los ángeles. Una voz infernal que congelaría hasta al mismo Dios.

No va a dejarlo, no para bien. Él fue el real y ella fue su tonta. Engañados por la noche y tomando el veneno. La campeona sanguinaria se fue del reino por días y el caballero leal se encontró abandonado y vulnerable. Una marioneta en la noche canta su canción mientras el rubio se bebe el tóxico. Sus inexistentes tacones en la acera añaden ritmo al sonido de la capital más difícil de habitar. Ningún bar en la capital sostiene mano nueva. Ella no se sabe su nombre oculto y no necesita angustias o penas.

Dicen que la música la llevó por mal camino.

Eltosian poseía un lugar que estaba en la misma calle si ella iba caminando por ahí. Caballero orgulloso que tenía una visión invencible y frágil ante las apariencias y las palabras. Él puso la música correcta para los dos, música que la llevó por mal camino, tocándola como él debería pero Blood estaba liderando el andar. Moviéndose por el perímetro femenino. No puede hablar, no puede respirar. Simpatizando con un accidente cuando el tiempo parece detenerse. La mañana respira muy suavemente cuando yo estoy despierto. Necesito algo para matar este aburrido dolor. ¿Has estado durmiendo bien o sigues en la capital? ¿Estás tomando el veneno e ignorándome? Ella está cerca y él no lo sabe.

Su poderoso pie le da un hachazo en el torso, deformando y tronando el metal que protege el hombro izquierdo. La pierna cruza la vista de los dos combatientes. Todo vuelve a la realidad: le duele el cuerpo, le sangran las heridas y le odia el corazón. Hace unos instantes se congeló en el tiempo porque tuvo miedo: ese desgarrador rugido le despojó de su valentía por unos cortos instantes. No supo más hasta que la tortura reapareció en forma de demonio.

Pero es momento de componerse: sin separar su dolido ser de la agresora, levanta su lanza en forma de luna menguante con sus dos manos y golpea el suelo. Lo que se forma como resultado es una terrible onda de choque que rompe la barrera del sonido y estalla contra el ente demoniaco. Dicha forma de daño no posee efectos visuales más que la grieta en el suelo y la nueva sangre de la campeona.

La pierna izquierda cede y Blood cae al suelo sobre sus rodillas, cansada. Respira sin control y su cuerpo ha comprobado que no es el mismo de antes. En situaciones donde era inmune a la fatiga, ahora se muestra delicada. Pero eso no es lo peor de todo. Lo peor es que Eltosian sigue frente a ella. Se encuentra expuesta a un ataque o incluso un golpe de gracia. Escena memorable: el hombre baja su lanza y enseguida se sienta frente a la mujer, adoptando una pose de relajación. La tensión comienza a esfumarse. El arma yace atrás de sus pies mientras las manos se encuentran en sus propios muslos.

Un pequeño intervalo de paz.

-¿Por qué?

Jadea Blood.

-Porque es necesario.

Bufa Eltosian.

La forma perfecta de esclavizar a un ser es decirle que es libre.

Minuto, minuto. Pasan dos de ellos para que Eltosian se recupere un poco y Blood pueda recuperar energía espiritual. No es que la esté subestimando sino que ambos han adquirido habilidades nunca antes pensadas que deberán transmitir de una forma u otra a las siguientes generaciones. Probablemente con leyendas. Y ser una leyenda mata.

Una corta e innecesaria tregua. Ya está escrito todo. Bueno, forjado.

Cada vez se están rompiendo más. Entonces la campeona choca sus puños con fuerza al tiempo que se levanta de un salto. El caballero asiente con la cabeza y se reincorpora despacio. Ellos nunca más serán deshonrados ni les matarán la inspiración. No permitirán que esto pase de nuevo. Las opciones son infinitas, negando el pecado.

Un metro los separa y entonces nada los distancia: Blood le surte una ráfaga de rápidos golpes que son desviados por una serie de feroces estocadas. Movimientos sobrehumanos y rápidos como el trueno y la sangre. Parecen dos indomables almas luchando por un pedazo de cielo.

Y en realidad parece una práctica de boxeo donde se enseñan el uno al otro sus movimientos básicos. Giros aquí, giros allá. La dama ha recurrido a patadas bajas pero el hombre logra defenderse con la punta no afilada de la lanza. El equilibrio se rompe: Eltosian da una punzada y Blood sube su brazo derecho y desvía su torso unos centímetros y de inmediato baja su extremidad, atrapando la lanza de su amigo por debajo de su axila. Sin esperar su mano aprieta lo largo de la alabarda y jala hacia sí misma. Sin esperar levanta la rodilla y luego da un salto con la pierna sana. El resultado es un brutal y duro impacto en la mandíbula de Eltosian que amenaza con dejarlo inconsciente. Trata de darse un respiro liberando su alma pero Blood no lo permite: tan sólo de aterrizar le propina tremendo guantazo en el vientre, liberándole sin preguntar todo el aire necesario.

Un agudo quejido se alcanza a escuchar. La salvación no será para ninguno de los dos. ¡Salvación! ¡Salvación! ¡Salvación! Está sobrevalorada estos días.

La campeona se arrodilla por un breve instante y aprieta con todo su coraje la mano izquierda. Con sangre nueva libera parte del poder de Dios de nuevo en la mandíbula de su mejor amigo al tiempo que se eleva hacia el cielo y gira ligeramente hacia un lado, producto del intenso choque de cuerpos.

Tú debes ser una ilusión.

Alguien está apagando las luces y la música sube de volumen. ¿Sientes el ritmo? Lo veo por la forma en que te mueves. Eltosian se retuerce en el suelo, adolorido.

-¿Me dirás por qué?

El rugido de los leones dorado se extingue y la campeona se arrodilla a lado del rubio. De vez en cuando ella piensa de cuando estaban juntos. Eran tan felices como amigos y compañeros que podían morir en los brazos del otro sin arrepentimiento alguno. Pero él se sintió muy solo en compañía de la sangrienta campeona. Pero eso es amor y es un dolor que aún recuerdan ambos.

Uno puede hacerse adicto a cierta tristeza, sabes. Como la resignación al final, siempre al final.

-Es bastante obvio, querida.

El caballero andante renacido musita tal cual caminante del horizonte. Para él es MUY obvio que un nuevo orden es necesario. Es mucho más efectivo y eficiente arrancar el problema de raíz que limpiar rama por rama.

Si lograba derribar todo de la mano de Dios, podía sobrevivir y levantarlo desde el infierno hacia la tierra. Y si no llegase a sobrevivir de igual forma habría cumplido su cometido: purgar. Alguien más fuerte habría tomado su lugar y habría guiado a todos a su santo destino. Más, no contaba con la suerte. La suerte del ángel.

-No, para mí no lo es. Dime.

Blood insiste. Realmente no se imagina un escenario lo suficientemente macabro como para que su mejor amigo se destroce a sí mismo por dentro y se una a la corrupción, a la oscuridad. Inocencia tal vez, o falta de creatividad. O simplemente falta de experiencia.

A Eltosian le pesan los párpados. Quisiera poder dormir y echar todo atrás. ¡Le es imposible, claro! ¿Quién se encargaría entonces de tan bella misión encargada por Dios mismo? Claro, Él nos dio libre albedrío. ¿Por qué no iba a permitirle su misión?

Sus frentes se juntan tiernamente. Eltosian yace en el piso con el agua hasta sus orejas y cubriéndole del cuello hacia abajo. Han paseado tanto por el cuarto que se encontraron de nuevo en la entrada. Blood yace arrodillada a su lado y tomándole de las mejillas con sus rojizos dedos.

La sangre, obviamente, se disuelve entre más sangre.

Intervención divina de los dos, juegos macabros de los dioses. Ambos son devotos así que no necesitan decir más palabras. Están en calma, posicionándose. Están reconociendo y saben que ninguno de los dos puede escapar. Podrás alentarlos pero nunca detenerlos.

Son a prueba de ideas.

Ella le besa rápidamente la frente y se para enseguida al tiempo que le jala de ambas manos. Se ha dado por perdida desde hace tiempo. Sólo nos estuvo engañando con su supuesta superioridad. No es nadie ya. Es sólo una vil sombra de lo que alguna vez pudo haber sido.

Como resultado los dos combatientes se mantienen firmes, o tratan de. Sus cuerpos tiemblan un poco. Cansados, heridos, erguidos sólo por obligación y voluntad. Son más que humanos como ya sabemos, son ángel y demonio. Son leyendas.

Tan divino. Todo mientras la fortuna se desvaneció. Nunca le tomes importancia a las consecuencias del crimen; esta vez la fortuna se desvaneció.

Ella se deja caer sobre él, exhausta, abrazándole con lo poco que le queda de vida. Él responde con sus fuertes brazos estrechándole contra su pecho desnudo y sin peto. La victoria y la historia ya están escritas, sólo hay que alargar la presentación de la misma. Su andar es torpe y descalzo. Ella perdió sus dos botas hace minutos atrás. Él aún conserva las dos enteras, o casi enteras.

Lágrimas corren por las mejillas de la campeona, goteando al suelo y besando la sangre. Ésta es su última resistencia. Su gran poder demoniaco va a caer, se irá a lo más profundo del abismo donde ella nunca más podrá encontrarle. Habrá otros que podrán dominar semejante poder pero ella, quien fue la primera, nunca más lo hará. Todo termina aquí.

Saca el pecho, engañando a cualquiera sobre su futuro fin. El ángel también ha tensado ya su cuerpo.

Sin aliento. Más allá del cielo donde las aves vuelan. En la infinidad desaparecerá.

Ella realmente nunca tuvo la visión sobre su victoria. Sólo exterminaba su cuerpo desde adentro, añorando el poder que Dios nunca le entregó por derecho propio. La gloria, la historia, todo eso que añoran los jóvenes guerreros para compartir con sus descendientes y su tribu. Entre más dominio obtuvo en esta corta batalla más terminó con sus años de vida, que al final se reducen a nada. No más energía, no más potencia.

Él siempre tuvo la certeza de que su derrota es imposible. Cada minuto más fuerte, más poderoso. Con su ágil mente predijo infinidad de variables en su rama de habilidades y las de su oponente. Al final, ella fue quien le enseñó todo lo que tenía que saber de él mismo. El futuro y el porvenir son todo lo que desea tomar por el cuello para partirle en dos y reacomodarlo a su antojo.

Un segundo nos separa del final. Ese segundo transcurre ahora.

Se encuentran rotos desde el corazón hasta el alma pero eso, como ya sabes, no los detiene.

Brocca se encuentra al rojo vivo, quemándole las propias manos al caballero. El humo chispea y la sangre se evapora de su piel al tiempo que sus piernas arremeten con violencia en contra de su mejor amiga. La fórmula ya está hecha, falta sólo el catalizador que es la víctima, en este caso Blood.

Los puños sin nombre retroceden y se refugian a los lados de los hermosos pechos de la campeona. Tiemblan de miedo y excitación de por fin conocer lo que el destino les depara, por muy escrito que esté. La vibración se extiende a los brazos y al resto del cuerpo. El demonio está preparado para morir con un último ataque, con las puertas del infierno abiertas por ella misma.

La lanza atraviesa el aire en diagonal y hacia el frente con negras intenciones. Con blancas intenciones las manos se extienden y toman la fatalidad para transformarla.

Una terrible explosión de fuego detona en medio de los dos. Las cadenas casi de derriten y los pilares son destrozados. De haber existido un emperio ahí mismo éste habría tronado en cinco pedazos. El cuarto entero tiembla y los cimientos del castillo se han debilitado. Ladrillos se destraban de sus posiciones y el polvo invade todo el cuarto. El agua se ha evaporado casi en su totalidad.

Sólo se escucha el siseo del calor y de cómo Brocca se enfría poco a poco, triunfante. Quedan ahora también cicatrices que comienzan a cerrarse.

La triza desciende poco a poquito, tratando de enterarse de qué demonios ha pasado.

Minutos pasan y lo único que se puede distinguir es una respiración triste, abandonada. Tose un par de veces y trata de levantarse pero es imposible ahora. Sus huesos le duelen y sus músculos están casi tironeados al máximo. Sus órganos trabajan a máxima capacidad para darse de abasto con la demanda de vida que exigen.

La lanza se mantiene clavada al suelo, orgullosa y aún triunfante. Todo se viene abajo cuando notamos que los dedos que la sostienen … están desnudos y con guantes de tela rotos. El brazo se extiende y termina en un hombro casi desmenuzado. Estos guían a los senos de la bella mujer y al cuello de la misma. El torso entrenado presenta serias quemaduras y el resto del cuerpo presenta carbonización menor. La piel de las manos está casi derritiéndose.

Esto explica que la campeona atrapó la fuerza de su oponente entre sus palmas y la contuvo por fracciones de segundo para luego abrir las puertas del infierno y con exceso de puñetazos derribó a su mejor amigo.

Innumerables impactos recibió el caballero al tiempo que la explosión se le escapaba de las manos a la campeona. Los impactos consumieron todas las esferas de energía previamente invocadas y le derribó toda la energía espiritual que le quedaba. Tras el último golpe Eltosian no tuvo más remedio que dejar ir la victoria y soltar su alabarda. Cayó estrepitosamente al suelo junto con el polvo y Blood atrapó el arma para mantenerse con las rodillas firmas por el honor de su amigo.

La triste sonrisa que baila (como todo en esta historia) en los labios de nuestra amada nos recuerda que está en una misión de libertad y buen caos.

Ha sido lo diabólico lo que ha salvado al reino y a la población actual. Han sido los trastornos y el desorden quienes comienzan a forjar el caminar de nuestras siguientes historias.

A modo de bastón Brocca es utilizada e insultada. Torpes andares revelan que el rubio terminó en el otro extremo de la habitación. Fue disparado como un sueño arrancado del corazón de uno. No hay más agua que amortigüen las caídas de la campeona (quien sufre varias). Las arenas del tiempo parecen eternas. Blood recurre a arrastrarse.

No puede levantarse.

Sus alas se han extinguido por completo. Raspones adicionales se unen a las heridas del día de hoy y ella se pregunta:

¿Cuándo te veré de nuevo?


Te fuiste sin despedirte, ni una sola palabra me dijiste. Ni un beso ni un abrazo.

Por favor, recuérdame una última vez.

Pesadamente arrastra el honor no propio y termina acostándose a lado de Eltosian. Extiende su brazo izquierdo y trata de tomarle del mentón, de la cara. La posición es incómoda, así que rueda hacia él a medias.

Es una escena curiosa: el suelo de ladrillos agrietado, el agua evaporada y la luz al extremo del túnel. Los dos cuerpos acomodados como si durmieran una siesta. Amistad eterna sellada con fuego y con sangre, mucha sangre. Ideales rotos que se astillaron entre sí, de cabeza a cabeza. Uniformes despedazados, herramientas quebradas, tez quemada.

Él no respira. Tiene varios minutos sin hacerlo.

El instinto de supervivencia aclara las ideas de nuestra campeona y la ayudan a arrodillarse enfrente de él. Entrecruza sus dedos y comienza a masajearle el pecho con nulas esperanzas. Lo hace más por masoquista que por una verdadera realidad. Las costillas de Eltosian crujen ante la desesperada fuerza de la campeona.

Sigue sin aliento.

Entonces, sólo entonces, ella se da el lujo de llorar frente a él. Se desploma sobre el cuerpo ajeno y solloza como poseída. Son lágrimas de felicidad y tristeza: felicida
« Última modificación: 19 de Agosto de 2014, 01:46 por Fenryr » En línea

karlita bass
Raydric
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« Respuesta #44 : 12 de Septiembre de 2012, 06:54 »

XD que genial, me habia quedado con ganas de leer mas
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